Su vida ha consistido en buscar una nueva versión de sí mismo. Después del tenis, ha explorado más sus roles como papá, esposo, empresario o ambientalista. MasterChef Celebrity fue su última aventura antes de embarcarse hacia un Robert que nunca ha sido: el que vive el presente.
Robert no había nacido cuando sus papás, Eva Maksoud y Patrick Farah, y su hermana Romy debían esconderse en un sótano durante los bombardeos, resistir largas jornadas sin luz ni agua y rezar para que ningún misil cayera cerca. Sin embargo, las historias sobre cómo sobrevivieron a la guerra civil libanesa y, sobre todo, cómo fueron capaces de empezar lejos una nueva vida también moldearon el carácter de Robert.
“Mis papás tuvieron que arrancar de cero y eso hace que uno vea la vida de una manera diferente, que uno piense que, si es necesario, uno puede reinventarse. Ellos han sido un ejemplo para mí”, dice el menor de los Farah, quien nació en enero de 1987 en Montreal, Canadá, donde su familia se radicó temporalmente después de huir del Líbano a mediados de los ochenta.
La reedición de sí mismos continuó en Cali, siguiendo a los abuelos paternos de Robert. Ellos habían escapado de la misma guerra, pero unos 10 años antes, y fueron, para los Farah Maksoud, el único recordatorio de la vida que habían dejado atrás en el Líbano mientras se convertían en otros. Eva pasó de ser jugadora de voleibol y directora de un club deportivo en Beirut a ser profesora de un colegio. Y Patrick, aun sin saber ni una palabra de español, apostó por seguir como entrenador de tenis, una pasión que terminaría heredando a sus hijos.

Robert creció sin el miedo al regreso de la violencia que sufrieron sus papás, pero con la determinación que ambos tuvieron para rehacerse y lo que eso implica: capacidad de adaptación, desapego al pasado y valentía ante lo desconocido. Incluso el tenis, un deporte de viajes, cambios y que exige una evolución diaria para rendir, pareció convertir esas emociones en Robert en un constante impulso por descubrir su siguiente versión.
Su confianza para lanzarse al vacío ha quedado clara en muchas etapas. En el 2006, por ejemplo, postergó su sueño de convertirse en tenista profesional y se fue a estudiar economía en Los Ángeles, donde también compitió a nivel universitario. En el 2013, ya jugando en el ATP Tour con el patrocinio del Equipo Colsanitas, decidió renunciar a los individuales y dedicarse a los dobles obedeciendo la intuición de que su destino estaba en esta modalidad. Y también lo demostró al retirarse del ATP Tour en el 2023, con 36 años y convertido en uno de los doblistas más destacados de la historia.
La edad le hubiera permitido competir más tiempo, pero prefirió despedirse de un legado que incluyó, entre otros muchos logros, 354 victorias, el No. 1 del ranking mundial entre el 2019 y el 2021, y 19 títulos ATP junto a Juan Sebastián Cabal, dos de ellos de Grand Slam (Wimbledon y US Open en el 2019). Al cerrar esa puerta abrazó con fuerza una nueva etapa, llena de retos como papá, esposo, empresario, jugador de pádel y golf, guardián de una reserva natural, participante de MasterChef Celebrity y mucho más. Desde entonces, no ha dejado de seguir en construcción.

Su conexión con la naturaleza y los animales también se refleja en Xisqua, su fundación en Pereira, donde ha sembrado más de 20.000 árboles.
¿Por qué tantas versiones de ti mismo?
Primero, porque yo quietico no sirvo. Si no hago cosas o estoy en un nuevo proyecto, me enloquezco. Eso también hace que mi vida sea un constante reinventarme. Además, mi meta siempre ha sido llegar a mi mejor versión. No solo en el deporte sino como persona. Por eso también me fui a la universidad. Entre otras cosas para convertirme en el tenista que debía ser para luego competir a nivel profesional. No fue fácil. Allá estudié, competí a nivel universitario y, en los veranos, me tocaba producir porque allá todo era muy caro. Entonces trabajaba dando clases de tenis todo el día. Mis papás con su ejemplo me han demostrado que, desde que uno tenga salud y ganas, todo es posible.
Después de graduarte, el patrocinio de Colsanitas fue clave…
Fue fundamental en toda mi carrera. Yo entré al equipo a mis 10 años. Tuve su apoyo desde ahí, primero mientras entrenaba en Cali y luego cuando me fui a vivir a Bogotá a los 15 años. Y después de la universidad, Colsanitas me volvió a abrir las puertas.
Desde entonces fueron casi 15 años de muchos éxitos como profesional. ¿Te dio miedo el retiro?
Cero. Yo sentía que había cumplido un ciclo y estaba muy emocionado de emprender una nueva vida. Quería saber qué cosas nuevas podía hacer. Imagínate que me retire a los 44 años, por ejemplo. Eso es pasar todos mis años más productivos en lo mismo. Y hay mucho por hacer. Uno viene a esta vida de pasada y es muy efímero todo como para dedicarse a una sola cosa. Por eso no extraño para nada el tour.

Aunque dejó el circuito profesional en el 2023, el tenis sigue siendo una parte importante de su vida.
¿Qué tanto has hecho desde entonces?
Primero, he estado más enfocado en ser papá, que es bastante trabajo. También tengo varios clubes de pádel y la gira más importante de este deporte en Colombia junto con Sebas [Cabal] y [Alejandro] Falla. Y le he invertido tiempo a mi fundación que tiene la reserva Xisqua en Pereira. Hemos sembrado más de 20 000 árboles.
Por cierto, ¿de dónde viene esta pasión?
Desde niño he sido afín con los animales, las plantas, el agua. Me acuerdo que en los clubes en los que jugaba tenis me iba a los campos de golf a ver los peces en los lagos. Me encantaba. También miraba mucho Animal Planet y Discovery Channel. Y cuando tuve la posibilidad de poder ser yo el que impactaba, lo hice de una. Me apasiona muchísimo dar vida y ver que un terreno en el que siembras se empieza a llenar de animales, bichos, agua y de colores diferentes.
Retomemos, ¿a qué más te has dedicado desde el retiro?
He dado conferencias, he organizado eventos para recaudar fondos para la reserva, escribimos un libro junto a Sebas que se llama Colombian Power, fui entrenador de tenis de un juvenil por un poco más de un año, he llevado el campo de verano de Colsubsidio en la semana de receso, volví a Wimbledon a jugar el campeonato de leyendas... Y, en medio de todo eso, he jugado mucho golf. Cuando no estoy en algún proyecto me engancho y lo asumo como lo hacía con el tenis, con disciplina, porque me gusta sentir que progreso. En fin, muchas cosas. Y si me llego a saturar, descanso.
Justamente la vida del tenista profesional no admitía eso, descanso…
No se podía. Había días en que no quería seis horas de tenis y tres de gimnasio. Pero ahí me tocaba empujarme. La vida del deportista no siempre es color de rosa. Yo estaba viviendo un sueño, pero tocaba lidiar con mucha presión. A veces el tenis es muy cruel. No hay cómo, con labia o rosca, avanzar en este deporte. Tienes que exigirte demasiado y sin parar si quieres marcar diferencia. Por eso impacta tanto la salud mental.

Actualmente es participante en MasterChef Celebrity 2026.
¿Qué tanto afectaba tu salud mental la obligación de viajar tanto? Por ejemplo, en el 2019, tu mejor año, jugaste en 20 países repartidos entre Europa, Norteamérica, Suramérica, Asia y Oceanía…
Mucho. Yo viajaba 10 meses al año por lo general. Y cada vez era más difícil dejar mi casa, mi familia. Pero tocaba. Y uno salía del vuelo a la cancha de tenis a entrenar. A eso súmale todo lo que uno llevaba: maletas llenas de raquetas, cuerdas, proteínas, barras y un montón de cosas que había que tener en cuenta y que hacía que uno no pudiera viajar ligero o tan tranquilo. Cuando me retiré, no quería ver un avión. En 2024 tuve ese break. Lo necesitaba. Cuidar la salud mental es prioritario. Fíjate que cuando yo no estaba del todo bien mentalmente aparecían lesiones. Tuve una de espalda en 2017 que me dejó varios meses por fuera del tour. Fue la que más me dolió, pero también me enseñó a apreciar más lo que tenía. Las lesiones son grandes maestras.
¿Cómo has alimentado tu salud mental?
En mi carrera estuve bastante con una psicóloga. Y también tuve psiquiatra con Colsanitas. Para llegar a donde llegué tuve que trabajar mucho en mí mismo, conocerme y enfrentarme. Yo recomiendo trabajar la salud mental a cualquier persona, no solo a los atletas. No es fácil indagar en ti, pero me parece algo indispensable. Desde que me retiré no he sentido la necesidad de hacerlo. Lo he gestionado con las herramientas que aprendí, pero no dudaría en pedir ayuda en caso de volver a necesitarlo.

Mi meta siempre ha sido llegar a mi mejor versión. No solo en el deporte sino como persona. Eso también hace que mi vida sea un constante reinventarme.
Si no has vuelto, quiere decir que no sufriste tanto en MasterChef Celebrity…
No te voy a negar que MasterChef fue extremadamente difícil. Yo al final estaba cansado, como todos, y quería irme para mi casa. Yo había dejado a toda mi familia en Pereira. Los veía de vez en cuando, algún sábado que lograba escaparme para regresar el domingo a Bogotá a seguir entrenando. Mi personalidad no da para hacer las cosas a medias. Por eso salía de grabaciones a estudiar, a aprender recetas, a preguntarle de todo a Gemini, que se convirtió en mi mejor amigo. Con todo y eso, viví MasterChef de una forma menos emocional que muchos compañeros. Eso me ayudó a disfrutarlo. Por eso me pareció una experiencia increíble.
Después del reality, ¿qué otra versión de ti quisieras explorar?
Quisiera tomarme más la vida a través del día a día. Quizá ese es un Robert que quiero ver y que me ha costado ser. Siempre he sido de tener planes o algo en la mente y quizá falta ese Robert viviendo por completo el momento con lo que traiga, y punto final.

Durante años, el tenis profesional lo llevó a viajar diez meses al año y estar lejos de su familia.






Dejar un comentario