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Bienestar Colsanitas

Reconocer y sanar las heridas de la infancia

Ilustración
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Las experiencias dolorosas que se viven en la infancia pueden generar heridas emocionales que podemos reconocer y sanar para vivir en paz con los demás y con nosotros mismos.

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Así como existen heridas físicas producidas por accidentes o lesiones, también se pueden presentar heridas afectivas o emocionales. “Se trata de una lesión emocional que afecta a las personas en sus áreas de funcionamiento familiar, social, de pareja o individual, ya sea de manera consciente o inconsciente, y que de una u otra forma cargan con ella”, explica Mauricio Polanco, psicólogo adscrito a Colsanitas con maestría en psicología clínica y de la salud.

Las heridas que se traen desde la infancia son como huellas que marcan a una persona a lo largo de su vida. Esto puede afectar sus esferas personal y social, o la manera en que se relaciona consigo misma o con los demás, experimentando ansiedad, angustia o emociones negativas. De acuerdo con el doctor Polanco, algunas de estas afectaciones son más fuertes que otras, por lo que los sufrimientos afectivos que se producen dependen en gran medida del tipo de herida que se sufre.  

El impacto de las experiencias de la infancia

Aunque existen varios factores o situaciones que provocan las heridas emocionales, bien sea por la familia, el medio cultural o social, es común encontrar un pasado infantil con traumas y consecuencias por humillaciones, violencias, inseguridades o temores. Sin embargo, el doctor Polanco comenta que no siempre que se tiene heridas de la infancia significa que se haya vivido experiencias traumáticas. 

“Es común que las personas hayamos tenido experiencias difíciles que nos marcaron y que dejaron una huella en nuestro cuerpo o en nuestra memoria, afectando significativamente la vida adolescente o adulta. Hay que recordar que durante la etapa infantil se forma parte de la personalidad, entonces se es más vulnerable y se experimentan con intensidad todas las situaciones, de allí que, de no sanar dichas heridas, se corre el riesgo de verse perjudicado en diversas áreas de la vida”, explica el especialista.  

Tipos de heridas de la infancia

Cada persona vive o experimenta la vida de forma distinta, así convivan o compartan el mismo espacio, la percepción y vivencia es única para cada uno. Sin embargo, el doctor Polanco explica que de acuerdo con los investigadores de la conducta, se han identificado por lo menos siete tipos de heridas de la infancia: la inseguridad y desconfianza, miedo al abandono, miedo al rechazo, violencia intrafamiliar, traición, injusticia y dependencia emocional.  

La influencia y afectaciones de las heridas de la infancia en el desarrollo de la adolescencia, juventud o adultez de una persona dependerá del tipo de herida producida y su grado de afectación, su personalidad, las estrategias de afrontamiento que posea y su capacidad de resiliencia. 

Señales de heridas emocionales

Aunque se pueden identificar una gran cantidad de síntomas y características cuando una persona posee una herida de la infancia, el doctor Polanco señala las más comunes: 

- Incapacidad para reconocer una equivocación 

- Ser muy complaciente y evitar desagradar a otros

- Evitar el conflicto

- No ser auténticos

- Mentir o engañar a otras personas de manera constante

- Tener una gran necesidad de aceptación

- Miedo permanente al abandono 

- Ser altamente dependiente de otras personas

- Inestabilidad, profundo sentimiento de soledad y temor al disfrute 

- Baja autoestima y sentimientos de inferioridad

- Percepción negativa de sí mismos o de los demás, baja autocrítica e incapacidad de autorreflexión

- Pesimismo y negatividad en todo momento 

- Autoexigencia excesiva

“Son muchos y variados los síntomas, de allí la necesidad e importancia de reconocerlos para poder tratarlos y abordarlos con madurez”, comenta el doctor Polanco. 

HERIDAS

Cómo sanar una herida de la infancia

1. Aceptar aquellos sucesos que marcaron un antes y un después. Para trabajar en el proceso de sanación de una herida emocional es muy importante comprender lo que está pasando en su interior y lo que está afectando su relación con el entorno. Por eso, el primer paso es aceptarlas o reconocer que vivió alguna situación traumática. 

2. Entender que es un proceso de perdón. Sanar una herida de la infancia es un proceso que lleva tiempo porque es importante que se haga a través del perdón o de la recuperación de la confianza. Las afectaciones emocionales producidas por una herida infantil tienen un origen y por lo tanto es clave reconocerlo para aprender a manejarlas en el presente. “Esto debe repararse poco a poco porque es entrar en contacto con el dolor y buscar una manera positiva de sanarlo”, explica el doctor Polanco. 

3. Buscar ayuda de un profesional en salud mental. Es fundamental buscar ayuda de un experto, bien sea un psicoterapeuta o psicólogo, para que mediante la consulta se determinen las herramientas que faciliten la expresión de los sentimientos y la regulación de las emociones con el fin de enfrentar de manera adulta y racional los problemas y sucesos de la vida cotidiana. 

Recomendaciones para padres y cuidadores

1. Crear un ambiente seguro: los padres deben propiciar un ambiente sano y saludable que permita el desarrollo autónomo de las emociones, pensamientos y acciones de sus hijos, donde puedan expresar sus sentimientos de una manera asertiva y sin agresividad. 

2. Evitar las situaciones de violencia de cualquier tipo: también es importante dar un buen ejemplo; inculcar valores positivos, solidarios y compasivos; educar y disciplinar con amor; y establecer límites y normas adecuadas para que su hijo pueda demostrar a sus familiares y entorno un afecto sin temor, con autenticidad y de forma continua. 

3. Enseñar a enfrentar las frustraciones: los padres deben enseñar autonomía y no dependencia. Es fundamental que no caigan en excesos de permisividad o rigidez, sino que le enseñen que el dolor es parte de la vida y que debemos aprender a afrontarlo. Por lo tanto, no se debe evitar que sufra o salga corriendo cuando se presenten problemas, sino enseñarle a expresar sus emociones y buscar ayuda cuando la necesite. 

4. Aceptar los errores: es clave que los padres demuestren que no son perfectos y también se equivocan.

 

* Periodista de Bienestar Colsanitas.SEPARADOR

 

Juliana Novoa Rodríguez

Periodista y creadora de contenidos de Bienestar Colsanitas y www.bienestarcolsanitas.com.