Rocas que hablan

Por: / Fotografía: Javier Mejía / Febrero 2022

En el municipio de Támesis, en Antioquia, hay más de 90 rocas que guardan imágenes de un pasado remoto. Todos podemos visitarlas y de paso apreciar uno de los paisajes más bellos de Colombia.

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En el suroeste antioqueño, en el municipio de Támesis, se encuentra una de las páginas más interesantes de nuestra historia arqueológica, una página escrita en piedra. Esparcidas entre lo que ahora son fincas, potreros y descampados, se han encontrado hasta ahora 93 rocas con más de 600 petroglifos, que se calcula fueron hechos entre el siglo III a.C. y el siglo X d.C.  

Támesis fue fundado en 1858 por Pedro Orozco Ocampo y su esposa Rafaela Gómez, en el proceso histórico que se conoce como la colonización antioqueña. Cuenta la historia que doña Rafaela fue quien eligió el nombre para recordar el río londinense, el cual había conocido en su juventud y extrañaba desde estas lejanías.

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Algunos motivos de los petroglifos son animales como monos, venados y guaguas.

El municipio está encaramado en lo alto de una ladera de la cordillera Occidental, a 1.638 metros sobre el nivel del mar. Está delimitado por las estribaciones de los farallones del Citará y el río Cartama, importante afluente del río Cauca. Ubicado a 111 kilómetros de Medellín, Támesis está coronado por el cerro de Cristo Rey, un imponente filón que custodia el pueblo, mientras que al frente se extiende el valle que forma el río Cauca y un sinfín de montañas onduladas que se van difuminando y confundiendo con las nubes.

Los petroglifos están esparcidos en más de 10 veredas de las 37 que conforman el municipio, aunque es la vereda El Rayo donde está la mayoría. En los municipios vecinos también se han reportado petroglifos, pero en muchísima menor cantidad, hallándose tallas semejantes en Caramanta, Valparaíso, Tarso, Pueblorrico y Jericó.

Existen varias empresas turísticas que prestan el servicio de guía para conocer los petroglifos, y ofrecen diversas opciones desde 60.000 pesos por persona. A las rocas se accede caminando entre potreros donde pasta el ganado. Cristófer, nuestro guía de la empresa Montaña Travel, nos explica que la mejor hora para ver los petroglifos es al caer la tarde.

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Otros motivos de los petroglifos son representaciones de figuras humanas, de accesorios, de algunas plantas como el maíz y figuras abstractas.

Durante años se utilizó tiza y agua para resaltar los grabados, y esto deterioró las piedras, con lo cual algunos petroglifos se perdieron para siempre. Ahora, para resaltar los detalles y ver en su totalidad las imágenes talladas en las piedras se utilizan pequeñas luces LED, que destacan las figuras que van apareciendo con cada movimiento de la luz.

Los petroglifos no son simples dibujos sobre las piedras: son grabados de 15 milímetros de ancho por 2 mm de profundidad en promedio. Las piedras que sirvieron de lienzo son andesitas, de origen ígneo, cantos rodados por la acción de los ríos San Antonio, Frío y la quebrada La Peinada.  

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“Los petroglifos no son simples dibujos sobre las piedras: son grabados de 15 milímetros de ancho por 2 mm de profundidad”.

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Los petroglifos de Támesis fueron hechos por los grupos humanos prehispánicos que habitaban en la región. Se sabe que la zona era dominada por los ansermas, que controlaban un área que iba desde el sur del departamento del Valle hasta el suroeste antioqueño, subiendo a lo largo de la cuenca del río Cauca. En el propio suroeste habitaban las comunidades caramanta y los cartama, reconocidos por construir lagos artificiales y caminos, muchos de los cuales aún se conservan.  

Se sabe también que sus casas eran redondas y con techo de paja, el maíz era su principal alimento, junto con la yuca, fríjoles y los animales que abundaban en la zona: saínos, dantas, guaguas y pavos de monte. Sembraban tabaco y lo utilizaban en la chicha para aumentar la embriaguez; también sembraban algodón, que utilizaban para el hilado y tejido.

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Los petroglifos de Támesis fueron hechos por los grupos humanos prehispánicos que habitaban en la región.

En las crónicas de Pedro Cieza de León se lee: “Las mujeres traen mantas de algodón, galanas, con muchas pinturas. Traen los cabellos muy peinados, y en los cuellos muy lindos collares de piezas ricas de oro, y en las orejas sus zarcillos; las ventanas de las narices se abren para poner unas pelotitas de oro fino, algunas destas son pequeñas y otras mayores. Tenían muchos vasos de oro los señores, chapadas de una pieza de oro, hechas a manera redonda, y otras como estrellitas, y otras joyas de muchas maneras tenían deste metal”.

En su mayoría, los motivos de los petroglifos son representaciones de figuras humanas, de accesorios, de animales como monos, venados y guaguas, algunas plantas como el maíz o bellas figuras abstractas: rombos, triángulos y espirales. Aunque no lo conocemos, es claro que las figuras transmitían un mensaje, algún tipo de señalización, tal vez algún sistema de comunicación que escapa hoy a nuestra comprensión. Como lo dijo el antropólogo y arqueólogo Gerardo Reichel-Dolmatoff, “Lo que llamamos arte, en todas las culturas expresa un sistema de valores para la época y para las condiciones locales, es decir, que constituye un sistema de comunicación”.

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En la vereda El Rayo está la mayoría de los petroglifos del municipio de Támesis.

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Cuando comienza a caer la tarde, caminamos con Cristófer por entre pastizales, pasando linderos y saltando pequeños riachuelos. El ganado nos sigue curioso con la mirada hasta que llegamos a la piedra del Pirú, la más grande y que posee más de 70 petroglifos. Allí encendemos unas pequeñas linternas LED y en cuanto el haz de luz baña la piedra, las figuras comienzan a danzar sobre las rocas: allí hay un venado, más allá una familia, en aquella roca un espiral, ¿eso es un parto?… Ver aparecer poco a poco las imágenes, imaginar su significado y sentir tan cerca ese mensaje del pasado es algo mágico y emocionante.

La luz rosada del final de la tarde se comienza a fundir con la noche. Los farallones de La Pintada ahora son siluetas, las luces del pueblo comienzan a encenderse y solo se escucha el croar de las ranas, los pájaros que buscan refugio y las cigarras y grillos. En el cielo, brilla un cachito de luna y a su lado, la acompañan solo un par de estrellas. La noche del suroeste antioqueño vuelve a guardar los petroglifos en la oscuridad.

 

 *Periodista y director de cine y televisión colombiano. Su película Apocalípsur ganó el premio del público en el Festival de Cine de Cartagena de Indias, FICCI.

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