"Nunca consideré la posibilidad de renunciar"

Por: / Fotografía: Fernando Olaya / Septiembre 2020

Un joven médico cuenta su experiencia en las urgencias de la Clínica Reina Sofía, y cómo cambió su mirada luego de contagiarse de covid-19.

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T

engo 27 años y soy médico general. Me gradué en 2014 y desde 2018 trabajo en urgencias de la Clínica Reina Sofía de Bogotá. He estado todo este tiempo en mi puesto de trabajo y desde ahí he visto cómo, aunque el volumen de pacientes con sospecha no ha variado mucho, sí han aumentado los casos positivos para covid-19. La pandemia coincidió con el pico respiratorio, entonces el flujo de estos pacientes ha sido alto en estos meses.

Desde marzo, el único momento que estuve fuera de la clínica fue cuando tuve que aislarme porque me enfermé de covid-19. Empecé a tener síntomas el 5 de junio, a punto de terminar mi turno: malestar, cansancio, debilidad. Pensé que podría ser deshidratación, o cualquier otra cosa… no le paré muchas bolas. Luego se me subió la temperatura, aunque no tuve fiebre. A las 6:30 de la tarde empecé a toser. Era una tos que venía del pecho. Me tocó pasar a consulta y me hicieron la prueba.

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La cifra
12 a 15 pacientes con sospecha de covid-19 atiende el médico en un turno de seis horas.

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Yo sabía que tenía altas probabilidades de haberme contagiado. En un turno se pueden ver de 12 a 15 sospechosos de covid-19. He atendido pacientes de todo tipo: desde los que han necesitado reanimación hasta pacientes que fallecen. Estuve en una maniobra de reanimación de una mujer joven. Tuvimos que intubarla y probablemente ahí pudo ocurrir el contagio, porque es la vez que he estado más tiempo expuesto.

Mientras salía el resultado de la prueba estuve en ese proceso de negación, queriendo que no fuera positivo. Pero todos los síntomas iban indicando que sí. Estuve aislado en mi casa. A la semana siguiente empecé a perder el olfato y el gusto, tuve congestión nasal, aumentó la tos, algo de diarrea. La prueba dio positiva. Empecé con la dificultad para respirar. Decidí irme para la clínica. Cuando me examinaron ya tenía neumonía. Me dejaron hospitalizado cuatro días. En ese momento sí me dio miedo.

Estuve por fuera un mes, aunque los síntomas mejoraron a los doce días. El gusto y el olfato tardaron en volver. Tuve que hacerme una segunda prueba que resultó negativa y ahí sí pude reincorporarme al trabajo.

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"Supe cómo se siente uno estando hospitalizado, acompañado solo por el personal de salud, que nadie te pueda visitar. Eso es muy duro".

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Al principio mi papá me sugería que renunciara. Me decía: “Considéralo”. Pero es el momento de dar lo que uno tiene, lo que uno sabe, para eso estamos nosotros. Es nuestro deber y nuestra labor, pero también me nace hacerlo, me llena cuando un paciente evoluciona bien, se cura. No podría dar la espalda en este momento. Nunca consideré la posibilidad de renunciar. Y mucho menos después de haber padecido la covid-19 en carne propia. Supe cómo se siente uno estando hospitalizado, acompañado solo por el personal de salud, que nadie te pueda visitar. Eso es muy duro. Haber pasado por esa experiencia me hizo cambiar para mejor. Soy mejor médico ahora. Procuro que el paciente no se sienta solo, que esté bien atendido.

Personalmente lo más duro ha sido el distanciamiento de la familia. Vivo solo. Y paso a saludar a mi papá pero lo veo desde el carro. A mi mamá no la veo desde enero porque vive en Villavicencio. Uno mismo se contiene para no estar con ellos, por el riesgo de contagio.

Otro duro golpe fue enterarme del fallecimiento del primer médico en el país por covid-19, Carlos Nieto. Lo conocía porque trabajamos juntos en Villavicencio. Era muy joven, 33 años, no tenía ninguna enfermedad que pudiera agravarlo. Fue muy duro, incluso para personas que no lo conocieron.

Personal médico Colombia

En mi corta carrera nunca viví una situación similar. Lo más cercano fue cuando hice el rural, porque coincidió con el incremento de los casos de dengue. Luego tuve experiencia con otras enfermedades como zika y chikungunya. Pero nunca había estado tan cerca de una enfermedad que puede ser tan fatal.

En mis tiempos libres trato de estar ocupado, siempre busco algo que hacer. Escucho música. Hablo con mi familia. También aprovecho el tiempo preparándome para hacer la especialización. Quiero ser radiólogo. Soy una persona muy observadora, y en imágenes diagnósticas se necesita mucho eso, además, la radiología es una especialidad que necesita mucho conocimiento de todo. Y eso me gusta de la medicina: saber de muchos temas.

Desde que tengo memoria quise estudiar medicina. Nunca contemplé otra opción, nunca dudé. En mi familia no hay médicos, y ser el primero me motivaba mucho más.

Siempre pienso que la vida es muy frágil. Por eso, en la medida de lo posible, hay que aprovechar cada momento con uno mismo, con la familia, cuidarse. Hay enfermedades que pueden empeorar todo y que son prevenibles. Tener buenos hábitos de vida es la mejor forma de responder ante cualquier enfermedad. Quisiera que esto pasara y acabara pronto, pero no pienso tirar la toalla. Sigo estando al frente y seguiré haciéndolo de la mejor manera posible. En mi opinión, vienen momentos más duros. Nos seguimos preparando, tenemos esa ventaja. Hay que seguir teniendo todas las precauciones, no podemos bajar la guardia.

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