Malos tiempos

Por: / Ilustración: Sako Asko / Agosto 2021

La próxima pandemia ya está desarrollándose en algún lugar del mundo. Mientras tanto, seguimos soñando con el fin de la que nos golpea en la actualidad. ¿Cuál catástrofe vendrá después? 

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esde que el universo es universo, todas las catástrofes, todas las calamidades, todas las crisis y todas las pandemias, cuando llegan a su fin, abren un nuevo espacio para que surjan las nuevas catástrofes, las nuevas calamidades, las nuevas crisis y las nuevas pandemias que las sucederán sin fin mientras continúe el fluir del tiempo.

La investigación científica narra que una explosión, una catástrofe, un Big Bang fue el origen del universo, y que varios elementos que constituyen la vida en la Tierra provienen de explosiones extraordinarias de grandes estrellas, como las supernovas: el calcio que forma los huesos y los dientes, el hierro que da sabor a la sangre, el potasio y el cloro de los glóbulos rojos, y un largo y vital etcétera.

La historia de la Tierra ha sido una sucesión de catástrofes: un gran meteorito hizo surgir del vientre de nuestro planeta la Luna que hoy nos acompaña; el impacto de otro acabó con miles de formas de vida, como la de los dinosaurios que dominaban la Tierra, en lo que fue una de las cinco grandes extinciones masivas de especies que han ocurrido, como la de finales del Pérmico, en la que desapareció el 96 % de las especies marinas y el 70 % de todos los vertebrados terrestres. Esto sin contar las glaciaciones que cubrieron de hielo toda la superficie del planeta y las continuas erupciones de los volcanes que taparon con ceniza la atmósfera, enturbiaron el aire y oscurecieron la luz del sol durante miles de años.

En la época inmediatamente posterior al choque del meteorito con la Tierra, cuando empezaron a morir en masa los entonces reyes de la creación, los dinosaurios, medraban mal que bien unos mamíferos hambrientos que parecían lobos y carecían de inquietudes metafísicas. Estos, al ver el caos a su alrededor, así como la falta de alimentos y la hambruna desatada, se tiraron al agua, al mar de donde habían venido. No tenían otra alternativa razonable para sobrevivir. Y lo que en un principio debió haber sido una aventura azarosa, se convirtió con el tiempo en un ejemplo para otras criaturas, como nosotros. Las ballenas fueron capaces de actuar frente al hecho irreversible de que la muerte de su especie era lo único que les esperaba si persistían en su hábito de vivir en la tierra, y así pudieron sobrevivir al cataclismo.

La historia de la humanidad ha sido una guerra constante y azarosa contra la adversidad y el peligro: contra la amenaza de destrucción de los elementos, contra el clima, contra las fieras, contra las plagas, contra el hambre, contra la peste, contra la enfermedad, contra la muerte, contra los otros, contra el horror y contra la desesperación y el desaliento.

Vivimos al borde del abismo, haciendo equilibrio sobre el vacío sin saber qué nos espera al dar el próximo paso. Se podría decir que los seres humanos estamos vivos de milagro, pero para la ciencia ningún milagro da cuenta de ningún fenómeno, a menos que consideremos como milagro el surgimiento del universo hace 13.500 millones de años, y entonces deberíamos considerar también como una interminable serie de milagros lo que ha venido ocurriendo desde entonces. Pero de manera verosímil la humanidad sigue viva gracias al coraje, la imaginación, el ingenio, la esperanza, el humor, la generosidad y la capacidad de resistir y afrontar juntos los rigores del destino.

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La historia de la humanidad ha sido una guerra constante  contra la adversidad y el peligro:  contra el clima, contra las fieras,contra el hambre, contra la enfermedad, contra los otros.

Desde la perspectiva de las continuas catástrofes que nos agobian, una pandemia como la que actualmente afecta a los humanos, en la que no ha muerto ni el 1 % de la población, se puede considerar como trivial. Trivial excepto para los que ahora vivimos y morimos, y nos preguntamos si la vida cambiará, y cómo, después de la pandemia; si todo dejará de estar patas arriba, si las cosas retornarán a su cauce habitual, si vendrán nuevas pandemias, si el apocalipsis —esa vieja idea— todavía nos espera con sus trompetas que anuncian el fin de los tiempos, por lo menos para nosotros.

Como especie, los humanos nos hemos enfrentado a la peste negra, que mató a más de la cuarta parte de la población de Europa y Asia en el siglo XIV, así como a la viruela, al sarampión, a la gripe española, al ébola, al sida y a toda suerte de enfermedades infecciosas. Hemos sobrevivido a todas ellas, aunque el mundo, tal como era conocido antes de alguno de estos cataclismos, ya no fuese el mismo, y muchas veces tuviéramos que inventarlo de nuevo.

Es indudable que los humanos sobreviviremos como especie a la terrible pandemia que hoy nos tiene en vilo, pues ya se han desarrollado vacunas para combatirla y tratamientos para hacer menos nocivos los efectos de la enfermedad, aunque habrá consecuencias económicas, sociales, anímicas, laborales y de violencia que aún no tenemos manera de contabilizar porque son impredecibles. Pero quién sabe si estaremos preparados para la próxima pandemia, cuyo origen desconocemos, o para afrontar y resolver los graves problemas de inequidad y miseria del mundo moderno, o para detener las causas del calentamiento de la Tierra, ante lo cual nos comportamos como turistas que asistiéramos a un gran espectáculo con un gin and tonic en la mano. ¿Quién sabe?

Por lo pronto, ya existen algunos seres humanos que se preparan para sobrevivir en austeras colonias en Marte y en el incierto vacío del espacio, previendo desde ya que la Tierra no sobrevivirá a algunas de las catástrofes que nos esperan, como la que narra la ciencia que sobrevendrá cuando el Sol se aburra de ser una enana blanca y se convierta en una gigante roja, y haga desaparecer nuestro planeta como una gota de agua sobre una sartén caliente.

Sin embargo, no hay razón para quejarnos de las dificultades ni de la probable desaparición de la Tierra, ni comparar el destino que nos ha tocado en suerte con el de otros hombres de otras épocas. Pues tal como dijo el escritor Jorge Luis Borges en su nota preliminar a la Nueva refutación del tiempo, hablando de Juan Crisóstomo Lafinur, “le tocaron, como a todos los hombres, malos tiempos en que vivir”. Mientras tanto, esperando que llegue la vacuna que hará posible la pospandemia, es agradable pasar la fría tarde bogotana leyendo los sinsabores que tuvieron que sufrir nuestros antepasados tratando de sobrevivir las muchas plagas y pandemias que han azotado a la humanidad desde tiempos inmemoriales.

*Escritor y guionista colombiano.

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