Crianza responsable, una tarea de dos

Por: / Ilustración: Ana López / Agosto 2021

Los padres que participan activamente en la crianza, no como un apoyo sino como protagonistas al lado de la madre, dejan una huella imborrable en sus hijos.

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ilvia Pardo y Douglas López comparten cada una de las actividades que requieren la crianza de sus hijas, la casa, la vida, el trabajo y las funciones dentro del hogar. Ella, microbióloga industrial y él arquitecto, no solo comprenden la teoría de los roles compartidos, los viven plenamente con sus niñas de 11 y 2 años.

Sin embargo, la experiencia de Silvia no fue así con su primera pareja. Con el padre de su hija mayor cumplió el rol que por tradición ha sido asignado socialmente a la mujer: criar y cuidar del hogar, bajo la premisa de que todo lo que hace el hombre es una “ayuda” o un “apoyo” y no responsabilidades compartidas.

“Después de la cesárea llegué a la casa y no tuve apoyo de él, a pesar de la situación, mi fragilidad y mis dolores. Tuve que acudir a mi mamá pues no podía con mi post parto, la casa y la bebé. En cambio, con mi segunda hija y mi nueva pareja la situación fue completamente diferente. Fue entonces cuando entendí que el rol del hombre como padre y pareja es distinto, no de ayuda, sino de vivir la crianza compartida plenamente”, cuenta Silvia.

Precisamente, la crianza compartida, el concepto que se viene acuñando desde hace varias décadas con la incursión de la mujer en el espacio laboral, es un tema que vuelve a la palestra gracias a que en Colombia se acaba de aprobar la ampliación de la licencia compartida, donde los hombres que sean padres pasarán de tener ocho días a dos semanas con sus parejas y bebés recién nacidos. Un beneficio que irá creciendo progresivamente.

Así pues, la noticia vuelve a poner sobre el tapete la necesidad de reflexionar sobre los alcances y la filosofía que encarna asumir una crianza compartida en pareja, en la cual el rol de la mujer deja de ser exclusivamente la maternidad y las labores de la casa (además de la carga laboral), y le da al hombre una nueva dimensión de vivir la paternidad no solo como el tradicional proveedor del hogar, sino como un papá en toda la dimensión. Uno que cuida a su hijo y comparte las obligaciones domésticas, bajo una mirada de equidad, sin prevenciones sexistas.

Un cambio trascendental

La ley, tras ser sancionada, tiene también un camino que recorrer en la práctica.

Douglas López asegura que muchas mujeres no son proclives a que se amplíen las semanas porque además de cuidar al bebé recién nacido y ocuparse de sí mismas tras un parto, también tendrán que atender al esposo durante la licencia de paternidad en la casa, lo que en vez de ser un apoyo, es una carga.

En otras palabras, más allá de la aprobación de la ley y sus alcances jurídicos, existe la necesidad de cambiar estereotipos. “Históricamente las mujeres han sido las encargadas de cuidar el hogar, mientras que al hombre se le ha dado la función de cumplir con roles fuera de ella. Ese ha sido el mandato social”, dice Douglas.

En tal sentido, Silvia Pardo reconoce que las mujeres también deben asumir otro papel, y entender que no solo deben esperar la “ayuda” de sus maridos, sino un compromiso total. “Nosotras también debemos tener esa apertura mental”, dice.

Por eso, las investigaciones, expertos y familias hablan de la necesidad de abrir un camino distinto y tener la apertura social para una nueva dinámica, hacer visible la necesidad de cambiar los roles para darle al hombre una manera distinta de asumir su paternidad y a la mujer, la apertura de vivir su maternidad y compaginarla con su realización profesional y laboral.

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El dato
La ley recién aprobada amplía la licencia de paternidad de 8 días a 14.

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Dejar de “ayudar” para empezar a “compartir”

Esa transformación, indica el pediatra, filósofo y escritor colombiano, Francisco Javier Leal, adscrito a Colsanitas, en su artículo “Paternar: un concepto cambiante”: “El padre, en la generación anterior, era un ser un poco ausente, no se ocupaba del cuidado diario de los hijos. El niño no solía tener acceso al cuerpo físico del padre, su presencia era audiovisual pero no táctil, daba órdenes y con cierta frecuencia castigaba, pero acariciaba poco”.

Y agrega: “Los estudios de grupos han mostrado que hombres y mujeres viven de manera absolutamente similar el hecho de ser padres solos. Dice Michael Lamb: con la excepción de la lactancia, no hay pruebas de que las mujeres estén biológicamente predispuestas a ser mejores que los hombres en el cuidado de sus hijos.

La convención social, no los imperativos biológicos, están en el fondo de la división tradicional de las responsabilidades en la crianza de los hijos”. “Paternar consiste en ser la guía tutelar masculina de crianza, ofrecerse para ser una imagen con la cual puedan los hijos identificarse, estar presente, dar ejemplo, amar, ser amado. Este hecho ocurre en los primeros años de vida del niño y deja una huella para toda la vida”, indica el doctor Leal en su artículo.

Ese nuevo rol de padre, cuenta Douglas, se vive en cada actividad cotidiana. “Nosotros no nos repartimos las tareas en el hogar, es tan sencillo como tener la intención de participar en todo lo que conlleva la crianza de dos hijas, desde el oficio diario hasta el acompañamiento amoroso”. Para que eso se dé, cuentan Douglas y Silvia, es necesario tener una mirada diferente del rol del hombre, que cambien los estereotipos.

“Por ejemplo, dice Douglas, hace dos años el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar sacó una estrategia para que niños y niñas jugaran por igual a las muñecas, sin códigos ni colores que identifiquen su género”.

Querían demostrar que cuando las niñas juegan con muñecas se forman en el cuidado y la crianza, desarrollando su instinto materno. Esa misma opción de juego se le dio a los niños, con el fin de demostrar que si bien pueden y les gusta hacerlo, no tiene ninguna implicación con su sexualidad ni implica cambiar sus preferencias. La idea de la estrategia es demostrar que a los hombres, desde niños, se les debe formar en la crianza.

“Para mí fue fácil”, cuenta Douglas, pues mi mamá me enseñó a cambiar los pañales de mis primos; desde los 11 años me enseñó a cocinar y ella me formó en las cosas del hogar, eso me permitió entender que no debía entrar en la lógica machista de los roles domésticos”.

CrianzaCompartida CUERPOTEXTOCon la excepción de la lactancia, no hay pruebas de que las mujeres estén biológicamente predispuestas a ser mejores que los hombres en el cuidado de sus hijos.

Experiencias en el mundo

La vinculación activa de padres a la crianza compartida es un tema que ha generado interés y proyectos en varias latitudes. El informe “¿Qué hacemos con la(s) masculinidad(es)? Reflexiones antipatriarcales para pasar del privilegio al cuidado”, de Friedrich-Ebert-Stiftung, recopila una serie de experiencias sobre la importancia del padre en la crianza de los hijos y sus beneficios.

Como lo relaciona la investigación citada, “hay experiencias con larga trayectoria en países como Noruega o Suecia, donde existen grupos de padres desde hace algunos años. Unos de los pioneros en hacer grupos solo para hombres sobre paternidad fueron los suecos, donde los espacios reciben el nombre de “Pappagrupp”. Estos empezaron a mediados de los años ochenta, cuando se detectó la necesidad, ya que los hombres no participaban de las clases de preparación al parto.

Los efectos descritos en los usuarios después de participar en este tipo de grupos son: el aumento de la igualdad de género dentro de las relaciones; baja tasa de divorcios; el desarrollo de las competencias sociales de los hombres; apoyo del desarrollo psicosocial de los niños; reducción de la violencia y la violencia basada en el género dentro de la familia; reducción de los comportamientos de riesgo entre los padres; mejor salud para las parejas, los niños y para los mismos hombres.

El informe menciona algunas experiencias en varios países como Nicaragua, Chile y Brasil, donde tienen programas dirigidos a profesionales en el sector de la salud, educación y trabajadores en la comunidad que buscan promover la participación de los hombres en las visitas pre y postnatales, en el momento del parto, así como en la crianza.

Las ventajas de la paternidad responsable

Una de las conclusiones que se extraen de las diferentes investigaciones citadas en el informe “¿Qué hacemos con la(s) masculinidad(es)? (...)”, es que la participación activa, responsable y consciente de los hombres en su paternidad tiene un impacto positivo también en los hijos e hijas, en los siguientes aspectos: “mejora la salud física y mental de los menores, mejor rendimiento escolar, desarrollo cognitivo y habilidades sociales como la empatía, más autoestima, establecimiento de vínculos seguros, menos problemas conductuales y más tolerancia a la frustración”.

De igual manera se menciona que la paternidad responsable es un factor de protección de conductas de riesgo (también en la salud sexual y reproductiva) y trastornos afectivos en los niños y niñas, al tiempo que permite prevenir las conductas violentas y el abuso en la familia. “Por supuesto que, los niños y niñas que crezcan con un modelo de padre implicado en su cuidado romperán con con esos patrones, lo que facilita la aceptación de la igualdad de género y la reproducción de un modelo corresponsable por parte de los chicos, al tiempo que contribuye a la autonomía y el empoderamiento de las chicas”.

Esta ley se convertirá en un reto para las familias que se acojan a ella y decidan que el padre tendrá no solo más días para acompañar a su pareja y su bebé recién nacido, sino a su propia dinámica familiar, pues se trata de instaurar una forma de vida alrededor de la crianza compartida, en donde esos días se conviertan en la nueva forma de asumir la paternidad de manera responsable, tanto en el cuidado del hijo, como de las actividades domésticas.

“Para llegar a la crianza compartida tenemos que trabajar en la escuela y en la familia. Estos cambios son paulatinos y también los debe asumir todo un sistema de salud. Es indispensable que el hombre esté presente en el curso psicoprofiláctico y que en él se den orientaciones para perder el miedo a compartir la crianza de su bebé. Pero la mayor responsabilidad y decisión de asumir nuevos roles está en la pareja, de allí parte el cambio”, dice Douglas.


 * Periodista especializada en maternidad y crianza.. 

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