Ser compasivo produce bienestar

Por: / Ilustración: Cristian Escobar / Mayo 2020

Estamos biológicamente determinados para sentir el sufrimiento de los otros. Pero el estrés cotidiano nos impide expresar ese sentimiento. Por fortuna, la compasión puede entrenarse.

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a compasión, esa capacidad que tenemos para conectarnos con el sufrimiento propio y el de los demás, es innato, instintivo, y se manifiesta sobre todo cuando el que sufre es cercano. Pero cuando quien sufre es alguien desconocido, alguien fuera de nuestra comunidad o nuestro país, es probable que disminuya la necesidad de aliviar ese sufrimiento.

La compasión no solo es una virtud innata: también es una habilidad que puede entrenarse. Existe una metodología para cultivar una mente clara y un corazón abierto y sensible al sufrimiento ajeno: para conectarnos con ese sentimiento basta remover los obstáculos o bloqueos que impiden que la compasión se exprese, junto a la motivación sincera de aliviarlo y prevenirlo.

Eso es justamente lo que hace Gonzalo Brito, psicólogo clínico chileno formado en el Centro para la Investigación y la Educación en la Compasión y el Altruismo de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford. Brito es el primer instructor certificado para impartir el programa de Entrenamiento en el Cultivo de la Compasión (ECC), que se enseña en esa institución en ocho semanas.

Brito estuvo en Colombia invitado por la Fundación Sanitas. Dictó un taller en Bogotá sobre la compasión a funcionarios, médicos, profesores y estudiantes de medicina. Desde el año pasado la Organización Sanitas Internacional incorporó la compasión como uno de sus valores. Busca ser una empresa compasiva, y la invitación de Brito al país hace parte de las estrategias para conseguirlo.

A finales de la década pasada empezó a usar mindfulness con trabajadores y pacientes de un hospital público en el sur de Chile. ¿Qué aprendió de esa experiencia?

En 2008 viajé a Nepal a hacer estudios sobre meditación, y el monje Matthieu Ricard me sugirió usar el Programa de Reducción del Estrés Basado en Mindfulness en ese hospital público. Me mostró que personas que no habían practicado nunca yoga o meditación pueden beneficiarse mucho al incorporar este tipo de prácticas en su vida cotidiana. Eso me dio mucha confianza en estas prácticas, pues no hace falta que la persona se haga budista o espiritual o religiosa para beneficiarse de entrenamientos del cuerpo y de la mente.

¿Qué fue lo más satisfactorio?

Ver que la vida de la gente puede cambiar en una dirección de mayor salud, bienestar, integración, y así cultivar mejores relaciones en su trabajo, en su familia. Con el tiempo eso me va llenando, me va dando sentido. No es como un suiche que se prende o se apaga, el sentido de vida va y viene y se sigue reconstruyendo de mil maneras distintas. Pero he encontrado un camino coherente donde mi trabajo con las personas está alineado con lo que me ha servido a mí, y eso me trae bastante satisfacción.

Según los estudios, al actuar de manera altruista se activan las zonas de placer. “Ser compasivo es como comer un buen chocolate”, dijo en su charla. ¿Por qué si nos hace sentir tan bien no practicamos más el altruismo, la compasión?

Recibimos un beneficio adicional cuando somos empáticos y altruistas. Hay premio: nos sentimos bien. Quizás lo hacemos menos de lo que lo podríamos hacer. Pero lo hacemos más de lo que estás asumiendo en tu pregunta. Si prestas atención, cada día hay una gran cantidad de gestos empáticos, altruistas y amorosos que lo están sosteniendo todo. En realidad, vivimos sostenidos por una gran red de gestos de bondad pequeñitos y cotidianos. La ternura con la que una madre sostiene a un niño, un padre que juega con su hijo, un conductor que lleva a sus pasajeros, gente que te abre la puerta. Lo que pasa es que nuestra mente tiene un sesgo negativo y nota cuando falla, no cuando está.

¿Por qué no hay más compasión de la que ya hay?

Varias razones: primera, porque vivimos a un ritmo muy acelerado, y cuando estamos estresados y agobiados somos menos empáticos y altruistas de lo que podríamos ser. Por eso ambientes muy competitivos no se caracterizan por el altruismo y la compasión, sino por el egoísmo. Segunda, porque deshumanizamos a las personas; cuando las vemos como objetos no generamos gestos de empatía y altruismo hacia ellas. Tercera, por miedo a abrir el corazón y ver que hay mucho dolor en el mundo.

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"La compasión no solo es una virtud innata: también es una habilidad que puede entrenarse".

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A veces evitamos dar o ayudar porque pensamos que es poco, que con un pequeño gesto no vamos a resolver el problema del otro...

No creo que haya ningún gesto que sea insignificante si está movilizado por la motivación compasiva. Porque cada vez que uno genera un gesto compasivo está entrenando la habilidad de la compasión. Es verdad, se pueden hacer algunas cosas más espectaculares que otras; pero nuestro enfoque es precisamente poder bajar la compasión a gestos cotidianos, ir aderezando el día con gestos de empatía y compasión hacia mí mismo y hacia los demás. Se puede practicar la generosidad con alguien en la calle o de manera más sostenible apoyando alguna organización que esté trabajando en pos de algún valor que comulgue con nosotros. No hay acción pequeña si está movilizada por la motivación correcta.

Háblenos de autocompasión y autocrítica.

Para ser compasivos hay que partir de cuán compasivos somos con nosotros mismos; cómo se habla uno a sí mismo en la intimidad de su mente y dejar de tratarse como a un enemigo, como muchos lo hacemos desde una voz autocrítica. Porque es muy difícil ser amable con los demás desde una mente autocrítica y hostil.

¿Cómo incentivar o no atrofiar la compasión en los niños?

Hay muchas maneras de entrenar la mente. Una de ellas es por medio de frases que puedan ser poderosas, esta es una de ellas: “No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti”, o “Trata a los demás como te gustaría ser tratado”. De hecho es llamada “la regla de oro” porque está presente en todas las tradiciones de sabiduría: cristianismo, judaísmo, budismo, islamismo. Pienso en un currículum que existe en Wisconsin para entrenar niños en la amabilidad. Parte del entrenamiento consiste en repetir esta frase: “que mis pensamientos, mis palabras y mis acciones no hagan daño a los demás sino que les traigan paz y alegría”. Es muy simple, pero ya se siembra esa idea. El cerebro del niño es neuroplástico y flexible, por eso es un tiempo rico para inculcar ese tipo de pensamientos. Lo lingüístico es solo uno de los canales de aprendizaje, si queremos que aprenda tiene que recibirlo a través de varios canales. El niño aprende más de lo que ve que de lo que escucha que debe hacer.

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