Manual para aprender a estar solo

Por: / Ilustración: Jhon Varón / Julio 2021

Para estar en soledad de manera sana es necesario cultivar una red de apoyo sólida y diversos hábitos individuales. La psicóloga Constanza González, directora del Programa Comunitario de la Fundación Keralty, nos brinda herramientas para lograrlo.

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rimero debemos saber que desarrollar un apego seguro durante la infancia propicia relaciones sanas en la adultez, y responde a la necesidad de establecer vínculos afectivos sólidos durante toda la vida. Es curioso, porque se tiende a relacionar el apego con la necesidad excesiva de estar acompañado, cuando en realidad se trata de tener una red de apoyo sólida, que permita a cada persona gozar de tiempo libre de manera individual y colectiva sin mayores dificultades emocionales.

Según John Bowlby, psiquiatra infantil y autor de la Teoría del Apego, este comportamiento aparece desde la infancia y se refiere a la necesidad de encontrar o mantener cercanía con otra persona que representa para nosotros sabiduría y fuerza. “La experiencia del niño con sus padres tiene un rol fundamental en la capacidad posterior del menor para establecer vínculos afectivos; las funciones principales de los padres serían proporcionar al niño una base segura y, desde allí, animarlos a explorar”. Esas figuras de apego son fundamentales para contener y proteger al niño cuando lo necesita.

Por eso, profesionales en psicología como Constanza González, directora del Programa Comunitario de la Fundación Keralty, recomienda evaluar los círculos de cuidado en los que participamos, pues parte de la posibilidad de lograr una relación saludable con nosotros mismos en soledad depende de la red de apoyo con la que contamos para otros momentos donde sí necesitamos ser acompañados, escuchados o contenidos. 

Soledad CUERPOTEXTO
Mantener una relación saludable con la soledad es el primer paso antes de estar disponible para quienes son nuestra red de apoyo.

No hay compasión sin autocompasión

Cuando queremos y somos queridos, también somos cuidadores y cuidados. Por ejemplo, en una relación de amistad, dos amigas pueden ser cuidadoras y cuidadas entre sí; la clave está en el equilibrio, pues ambas deben tener disposición para conversar sobre sus necesidades y sus límites; permitirse espacios para fortalecer otros vínculos afectivos fuera de esa relación de amistad, y momentos para cultivar y gestionar emociones individuales. Incluso, cuando una de las dos personas tiene necesidades especiales.

Cuando la labor del cuidado recae sobre una sola persona y esta ocupación no le da tiempo para desarrollar sus esferas individuales, la relación se satura y ambas personas se ven afectadas por la imposibilidad de sentir y entender sus emociones. González propone un ejercicio sencillo para identificar los vínculos con los que contamos:

escribir en un papel los nombres de las personas que hacen parte de nuestra vida: quiénes están en nuestro círculo inmediato, con quiénes podemos divertirnos, conversar sobre nuestros problemas, quién es nuestro apoyo emocional. Aclaremos algunos conceptos:

Círculo personal: las personas más cercanas a usted, con quienes puede tener contacto físico o virtual de manera frecuente.

Círculo familiar/amistoso: los familiares, amigos, conocidos o vecinos con quienes puede contar, aunque no tengan un contacto muy frecuente.

Círculo comunitario: personas con las que interactúa y tiene algún tipo de cercanía, conocidos de distintos espacios como puede ser un grupo de lectura, compañeros del gimnasio o cualquier actividad que practique.

Pregúntese qué conversaciones necesita tener con ellos. Procure que esas conversaciones sean explícitas acerca de cómo necesita que le cuiden, le quieran, y  mencionen los límites que ambos deben respetar para que cada uno tenga el espacio que necesita.

Emociones individuales

Uno de los principales beneficios de los espacios en soledad es la perspectiva. Cuando estamos en contacto permanente con otros, no tenemos la oportunidad de ver las cosas con el espacio y autonomía necesarios para identificar lo que sentimos y necesitamos. González pone como ejemplo la tristeza, una emoción que requiere momentos reflexivos que se facilitan en soledad. “Se necesita ser escuchado y compartir con otros cuando se está triste, pero debe haber un balance con la autoreflexión y la autoconciencia”, señala Constanza González. Por eso, ella insiste en que la palabra clave es el equilibrio. “Para conocer y relacionarte con las emociones del otro es importante relacionarte con tus propias emociones. Para acompañar al otro debes ser una buena compañía para ti. Nadie da de lo que no es” explica.

Estrategias para gozar del tiempo libre

Cuando la soledad no es escogida, trae distintas dificultades, incluso de salud. Mantener una relación saludable con la soledad es el primer paso antes de estar disponible para quienes son nuestra red de apoyo. Las siguientes recomendaciones pueden ayudarle a cultivar hábitos que, a su vez, le permitirán desarrollar y fortalecer su personalidad, sentir y entender sus emociones y tener mayor disposición para escuchar y acompañar a otros.

  1. Cuidar y atender la salud física y emocional. 

  2. Ser responsable de las emociones. 

  3. Mantener hábitos de cuidado personal. 

  4. Seguir el criterio propio.

  5. Darse tiempo para reflexionar y reconocer lo que no le hace sentir bien. 

  6. Aprender técnicas de relajación como la meditación, el yoga o las caminatas al aire libre.

  7. Planificar el tiempo, permitirse espacios para estudiar y trabajar, pero también para descansar y disfrutar de otras actividades.

  8. Hacer actividades creativas que disfrute como leer, pintar, dibujar, cocinar, ver una serie o película. 

  9. Hacer ejercicio o salir a pasear. 

  10. Descansar y comer adecuadamente.

Test

Este test le ayudará a identificar qué tan sólida está su red de apoyo, y qué tan solo se percibe.

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