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Carolina Cruz

Carolina Cruz y el renacer después de los 35

Después de los 35, el cuerpo cambia y la energía se transforma. Para Carolina Cruz, esa etapa fue una oportunidad para reencontrarse consigo misma y redefinir el bienestar. Junto a las entrenadoras Tata Gnecco y Marcela Barajas, comparte cómo el autocuidado, la constancia y la paciencia son la clave para renacer en cada momento de la vida.

Durante mucho tiempo, el bienestar femenino ha estado marcado por la exigencia: dietas estrictas, entrenamientos eternos y la presión de “volver a ser la de antes” después de un embarazo o al llegar a los 40. Sin embargo, cada vez más mujeres están cuestionando esas ideas para construir una relación distinta con su cuerpo, una que no parte del castigo sino del cuidado, de la paciencia y del amor propio.

Ese camino lo conoce bien Carolina Cruz, presentadora y empresaria, quien tras su segundo embarazo enfrentó uno de los retos más desafiantes de su vida: reconciliarse con un cuerpo transformado por los meses de quietud y por una gestación de alto riesgo. “Subí 23 kilos y sabía que no iba a ser igual que el primer embarazo. Me dio celulitis gestacional y pasé mucho tiempo en reposo. Decidí abrazar ese proceso y disfrutarlo, porque confiaba en que con paciencia volvería a encontrarme”, recuerda. Su historia, lejos de ser la de una recuperación exprés, es la de una mujer que eligió vivir la maternidad sin culpa y con la certeza de que, tarde o temprano, podría volver a moverse con la constancia que siempre la ha caracterizado.

Finalmente recibió el aval médico para retomar la actividad física, y ese instante se convirtió en un símbolo de renacer. No se trataba solo de bajar de peso, sino de recuperar vitalidad, energía y confianza. “Fue emocionante volver a entrenar, sentir que regresaba un pedacito de mí”, recuerda. Su experiencia resuena con miles de mujeres que, después de dar vida, sienten que la suya queda en pausa. Recuperar el movimiento no es una carrera contra el espejo, sino un acto profundo de autocuidado que impacta en todas las dimensiones de la existencia.

En ese punto aparecen Tata Gnecco y Marcela Barajas, entrenadoras certificadas con más de 15 años de experiencia, quienes han acompañado a Carolina y a miles de mujeres en su proceso de transformación durante años a través de su proyecto Fun2Fit. Ellas explican que, después de los 35, el cuerpo empieza a exigir otros ritmos: la recuperación se hace más lenta, la masa muscular tiende a disminuir y el metabolismo se vuelve menos eficiente. Pero lejos de ser un declive, es una oportunidad para entrenar con inteligencia y consciencia. “Lo más bonito de esta etapa es que muchas mujeres empiezan a entrenar no solo para verse bien, sino para sentirse fuertes, prevenir lesiones y disfrutar su energía”, afirma Marcela.

Carolina Cruz

Esa perspectiva también atraviesa la maternidad, etapa en la que el regreso al movimiento suele estar cargado de culpas y comparaciones. “Muchas mamás sienten que, si se toman tiempo para ellas, están descuidando a sus hijos, pero es todo lo contrario: cuando una mamá está bien, sus hijos también lo estarán”, insiste Tata. Su consejo es sencillo y poderoso: “Cinco minutos son mejores que cero. Bailar un rato, caminar con el bebé en coche, estirarse: todo suma. Lo importante es empezar sin esperar el momento perfecto, porque ese nunca llega”

Carolina lo vivió en carne propia. La presión social hacia una figura pública es enorme, se espera que vuelva a estar “perfecta” en tiempo récord, sin arrugas, sin estrías ni cicatrices. Ella eligió una ruta distinta: la de mostrar un proceso real para mujeres reales. “En este mundo nos exigen vernos siempre impecables, pero yo decidí disfrutar cada etapa. Con paciencia volví a recuperar mi figura, pero lo más importante fue sentirme bien conmigo misma y no dejarme llevar por la comparación”, dice.

La comparación, de hecho, es una de las trampas más dañinas. Tata recuerda cómo incluso a sus 40 se comparaba con mujeres diez años menores hasta que entendió que cada etapa tenía sus propios códigos. “El día que dejé de exigirme como a los 30 fue liberador. Cada edad tiene su belleza y su fortaleza, y lo importante es vivir tu momento sin pretender parecerse a alguien más”, afirma. Este mensaje resuena en un mundo saturado de cuerpos perfectos en redes sociales, donde muchas imágenes son retocadas y la ilusión de perfección genera frustraciones innecesarias.

Frente a ese panorama, Carolina, Tata y Marcela lanzaron el Reto Renacer: entrenamientos cortos de 27 minutos, pensados bajo el principio de “confusión muscular”, que permite obtener resultados visibles sin necesidad de rutinas interminables. La idea no es rendir como a los 20 años, sino sostener un bienestar que acompañe la vida real: la maternidad, el trabajo, los imprevistos y también los días de cansancio. “Las rutinas largas suenan motivadoras al inicio, pero lo más difícil no es entrenar fuerte, sino mantener la constancia. Los mini-retos funcionan porque eliminan la excusa del ‘no tengo tiempo’ y ayudan a que el movimiento se vuelva un hábito diario”, explica Marcela.

Carolina Cruz

Más allá de la metodología, el verdadero valor de este enfoque está en el cambio interior. Carolina lo resume con claridad: “Lo más poderoso no fue bajar kilos, sino recuperar la seguridad. Volví a sentirme activa, vital y libre”. Su experiencia también se refleja en los mensajes que reciben a diario: “ya volví a prender la luz para estar con mi pareja”, “me siento cómoda con mi cuerpo otra vez”. Para ellas, eso es lo que realmente importa: que una mujer vuelva a creer en sí misma.

Carolina Cruz
Carolina Cruz

Esa seguridad, además, tiene un efecto expansivo. Cuando una mujer se siente bien, transforma a su familia, su entorno laboral y sus relaciones. El bienestar se convierte en un círculo que se multiplica. Para Tata, ahí radica la esencia del renacer: “No se trata solo de lo físico, sino de recuperar la confianza, la energía y la forma de mirar la vida. Cada día es una oportunidad para empezar de nuevo”.

Hoy, cuando la sociedad sigue insistiendo en ideales inalcanzables, la experiencia de estas tres mujeres ofrece un recordatorio necesario: que los 40 no son el final, sino el comienzo de una etapa llena de posibilidades. “El cuerpo cambia, claro que sí. Pero eso no es una derrota, es la oportunidad de abrazarnos y seguir adelante. Sé que puedo renacer las veces que sea necesario”, concluye Carolina.

Catalina Porras Suárez

Periodista enfocada en la línea de bienestar y de salud mental. Disfruta conocer y escribir nuevas historias. La realización audiovisual, el cine y la función social del periodismo están dentro de sus intereses.