Aprender a caminar a los cuarenta

Por: / Fotografía: Andreína Mujica / Junio 2022

La autora es médica especialista en oftalmología, y se le diagnosticó tardíamente displasia del desarrollo de la cadera. Aquí cuenta con detalle su experiencia luego de un reemplazo total de cadera.

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En total, he tenido que aprender a caminar tres veces: una, cuando era una bebé y dos veces después de cada uno de mis reemplazos de cadera. La displasia del desarrollo de la cadera (DDC) es una afección de la infancia que está presente desde el nacimiento en la que los huesos que conforman la articulación de la cadera no están alineados correctamente debido a una alteración anatómica de alguna de las partes. Si no es tratada de manera oportuna y correcta, con el paso de los años puede derivar en artrosis de la cadera, y la persona con esta condición necesitará una prótesis, es decir, un reemplazo total de cadera (RTC).

Durante mi infancia y hasta los 15 años oí hablar de la displasia congénita, que es la misma displasia del desarrollo de la cadera (DDC). Con ese nombre también la estudié en la facultad de Medicina. Ocurre en 1 de cada 1.000 nacimientos vivos, y resulta que fui la escogida entre otros 1.000 seres humanos para tener esta condición. Ocurre más frecuentemente en mujeres, y por lo general se afecta más la cadera izquierda que la derecha: dos estadísticas que también se reflejan en mi caso.

En los departamentos de obstetricia de la mayoría de los hospitales de Colombia se les realizan diferentes maniobras a los recién nacidos para detectar la DDC. Estos exámenes deben repetirse entre seis y ocho semanas después. Muchos niños a los que no se les encuentran signos de DDC al nacer son examinados además con ultrasonido. Este procedimiento es el óptimo para bajar la incidencia de la displasia de cadera, pero no todos los afectados son identificados, y no todos los centros de salud —ni siquiera en Bogotá y otras capitales— cuentan con la ayuda diagnóstica del ultrasonido ni con los médicos capacitados para interpretar este examen.

Es por esto que alrededor de la mitad de los casos no son detectados por el examen médico realizado al nacer o por el ultrasonido a las seis semanas, y son los familiares del menor quienes detectan la anomalía. Este fue mi caso.

El diagnóstico temprano puede cambiar el pronóstico y evo - lución a la enfermedad, pero la insistencia en dicho diagnóstico viene haciéndose desde hace pocos años. Pertenezco a la gene - ración X, la generación que vivió la Guerra Fría y el boom eco - nómico del neoliberalismo; somos hombres y mujeres en nuestros cuarentas y cincuentas. En el caso de muchas mujeres de mi generación, en la actualidad estamos padeciendo los síntomas de un diagnóstico tardío de DDC.

Cuando la enfermedad se diagnostica tardíamente y se trata, puede que tengas una vida normal sin ninguna manifestación clínica, pero cuando te acercas a los cuarenta años empiezan los síntomas de una enfermedad latente. Así, te encuentras de pronto frente a un especialista en ortopedia y en cirugía de cadera 30 años después de que te dijeron que estabas sana. Ese cirujano te va a decir que perteneces al grupo de mujeres jóvenes a las que se les debe realizar un reemplazo total de cadera. En mi caso, esto sucedió cuando tenía 43 años. Siete años después me reemplazaron la otra cadera, la derecha. Desde esta última operación ha pasado casi un año.

Cuando el ortopedista me dijo que debía hacerme una operación de reemplazo total de cadera, mi primera sensación fue de pánico. A pesar de ser médica y de recordar mis clases de ortopedia en el Hospital San José, vinieron a mi cabeza miles de preguntas y de miedos. Preguntas de la vida diaria, sencillas, pero también preguntas un poco más especializadas.

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“La cirugía de cadera le ofrece al paciente alivio del dolor, el principal motivo para hacer el procedimiento. También mejora el movimiento perdido de la articulación”.

Me tomé entonces un tiempo para leer sobre ortopedia nuevamente. Encontré muchos artículos médicos que me dieron conocimiento científico sobre estadística, epidemiología, innovadoras técnicas quirúrgicas, nuevas y mejoradas prótesis. La investigación médica es interminable. Pero no encontré mucho dónde leer sobre cómo se siente el paciente, cómo es la recuperación y, sobre todo, cómo le cambia la vida el tener una prótesis dentro de su cuerpo.

La cirugía de RTC le ofrece al paciente alivio del dolor, tal vez el principal motivo para hacer el procedimiento. También mejora considerablemente el movimiento perdido de la articulación. El 95 % de los pacientes puede esperar que su RTC funcione bien por 10 años, y cerca de un 85 % tiene buen funcionamiento después de los 20 años. Por supuesto, estas estadísticas varían de acuerdo con cada paciente y patología. Por mi parte, debo pensar que en 10 o 15 años estaré nuevamente ante la perspectiva de cambiar alguna de las partes de mi prótesis de cadera. Eso si no ocurre nada extraordinario, y teniendo en cuenta que estoy en las mejores manos profesionales y que las cirugías fueron exitosas. ¿Buen panorama, ¿no?

Tomar la decisión de realizar la cirugía me llevó tiempo. Cuando le digo a un paciente mío que debo operar su ojo, lo pienso como algo rutinario, lo digo todos los días como parte de mi actividad laboral. ¡Pero es un ojo! De igual forma, ahora que soy paciente, pienso: ¡pero es mi cadera! Mi glúteo tendrá una cicatriz, mi cadera tendrá algo ajeno a mí. Mi manera de caminar va a cambiar, así como la forma como debo sentarme o bajarme de un carro. Así con todas las actividades de mi vida diaria.

Pero luego del pánico vino la convicción en la necesidad de hacer la cirugía. El dolor fue quizá lo que me decidió a hacerme la operación de RTC. Sin embargo, evalué otros tres factores básicos antes de decidirme. El primero: la convicción de que todo iba a salir bien, que ese hilo invisible y delgadísimo entre el paciente y su médico estaba presente, para que la convicción y la confianza fueran sólidas en este proceso. El segundo: la experticia e idoneidad del cirujano. El tercero: la fisioterapeuta que iba a acompañarme durante gran parte de la etapa post operatoria.

Hay que decirlo: las primeras seis semanas son duras. Fisioterapia intensa todos los días, seguimiento muy de cerca por parte del cirujano. En mi caso hubo lágrimas de dolor, sudor en las manos cuando llegaba la hora del control médico o las sesiones de fisioterapia, palpitaciones y todas las manifestaciones clínicas de un Sistema Nervioso Simpático gritando de dolor diciendo ¡no más! Llegué a un pico de cansancio, incluso agotamiento físico debido al insomnio por el dolor (diferente al que tenía antes, pero dolor), por tener que dormir solamente boca arriba por orden médica. En esas noches me cuestioné el haber tomado la decisión de operarme.

La buena noticia es que nada es eterno en la vida. El dolor cambia, disminuye unos días, empeora otros. Pero después de un tiempo se va, los niveles de energía aumentan, el sueño y en general la vida en todos los aspectos mejora. La demanda de oxígeno en actividad disminuye, y la habilidad para la marcha mejora. Todos estos cambios se empiezan a ver alrededor del tercer mes.

Cuando se pasa el pico duro del post operatorio el paciente comienza a ver los resultados de la cirugía. Después de casi un año de mi segundo remplazo total de cadera puedo decir que ya estamos en la etapa de evidenciar verdaderamente el objetivo de la cirugía. No era una mujer deportista, eso cambió. Hago fisioterapia y monto bicicleta estática como me lavo los dientes: todos los días. De pronto le bajaré al ritmo, pero nunca dejaré de hacerlo. Pienso que lo único que sostiene ya las prótesis son mis músculos, mi masa muscular; no hay cápsulas, no hay ligamentos, así que lo mínimo que puedo hacer por mi cuerpo es fortalecerlo y ayudarle de la mejor manera a que se adapte a ese objeto extraño dentro de sí.

Cualquier paciente acompañado de las personas idóneas en el ámbito médico y del apoyo incondicional de su círculo familiar cercano tendrá un resultado favorable de la cirugía. Eso puedo asegurarlo como profesional de la medicina y como paciente.

Quisiera terminar recordando la necesidad de no bajar la guardia con nuestras bebés recién nacidas. La displasia seguirá apareciendo en 1 de cada 1.000 nacimientos, pero si insistimos en la realización del tamizaje y en la ayuda de exámenes especializados, se podrá diagnosticar más tempranamente, y así mejorar la incidencia en la aparición de síntomas en las mujeres alrededor de los 40 años por diagnóstico tardío de la displasia del desarrollo de la cadera, o como se le conoce comúnmente, displasia de cadera. Porque aprender a caminar es algo que debería hacerse sólo una vez en la vida.

 

*Oftalmóloga. Cirujana plástica ocular adscrita a Colsanitas.

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Etiquetados con: Salud / Testimonio / Cadera / Cirugías ortopédicas /

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