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Bienestar Colsanitas

Tipos de dieta

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Cada semana nos enteramos de que existe una dieta distinta: que paleo, que Atkins, que vegana… Por supuesto, unas son más confiables que otras. Lo importante es conocernos y saber cuáles alimentos nos sientan bien y cuáles no.

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Hubo un tiempo en que alimentarse era una actividad simple, una necesidad fisiológica que debíamos satisfacer y a la cual no le hacíamos mayores cuestionamientos. Nadie se preguntaba por el origen de los ingredientes, su calidad o las implicaciones físicas, políticas y éticas de su consumo. La comida era, sencillamente, la gasolina para mantener el cuerpo en funcionamiento.

Al parecer, las cosas ya no son tan sencillas. La manera en que muchos deciden alimentarse ha cambiado significativamente durante las últimas décadas, debido, entre otras cosas, a la gran cantidad de información sobre las malas prácticas de la industria alimenticia. El resultado es un creciente interés por una alimentación más consciente y consecuente con el bienestar que deseamos para nosotros, para nuestra familia y para la Tierra.

En este contexto han surgido diferentes tipos de dieta que, lejos de ser una estrategia temporal para bajar de peso —aunque con frecuencia ayuden a ello—, sirven de guía en el camino hacia una alimentación más saludable y, sobre todo, sostenible a largo plazo. Presentamos aquí algunos de ellos.

Paleolítica o “paleo”

Propone comer sólo los alimentos que el ser humano consumía antes de la introducción de la agricultura, hace 10.000 años. Esto es, vegetales, frutas, comida de mar en estado salvaje; nueces, semillas y carnes sin antibióticos, provenientes de animales alimentados únicamente con pasto. Evita los lácteos, las legumbres, los granos, el trigo, la soja, el azúcar y todo alimento industrializado, para enfocarse en comidas enteras, frescas, orgánicas, no procesadas. Aunque esta dieta es bastante controversial, pues elimina de tajo varios grupos alimenticios, sus defensores sostienen que los micronutrientes, aminoácidos y grasas que se encuentran en los productos que deja de lado no son realmente necesarios porque, si así fuera, nuestra especie no hubiera sobrevivido durante los 2,5 millones de años que precedieron a la agricultura, es decir, durante el 99,5% de nuestra historia evolutiva. La controversia continúa mientras esta opción alimenticia se hace más popular.

Vegetariana

Las razones para dejar de comer carne pueden ser de tipo ecológico, religioso, político, filosófico o de salud. Sin embargo, no todos los vegetarianos tienen la misma idea sobre este tipo de dieta y, por ello, se les ha agrupado en las siguientes categorías:

Lacto-ovo vegetarianos: No comen carne, pero sí huevos y leche.

Ovo-vegetarianos: No comen carne ni lácteos, pero admiten los huevos.

Lacto-vegetarianos: No consumen carne ni huevos, pero se permiten los lácteos.

Contrario a lo que se cree popularmente, existen muchos alimentos de donde los vegetarianos pueden obtener sus dosis de proteína y calcio: los huevos, la leche, las semillas de chía, la quinoa, algunas legumbres, las nueces y ciertas hojas verdes. Cuando se lleva una dieta vegetariana variada y planeada a conciencia es muy poco probable que se presente una deficiencia de vitaminas o minerales. La única excepción es la vitamina B-12, que está presente en la carne y no se encuentra en ninguna fuente vegetal. En este caso, un suplemento dietario es recomendable cuando hay deficiencia de esta vitamina.

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Vegana

Más que una dieta, el veganismo es una filosofía de vida. Quienes lo practican consideran un deber ético ayudar a reducir el sufrimiento de los animales a través de las decisiones que tomamos diariamente como consumidores. De ahí que la apuesta de la dieta vegana sea por una alimentación cien por ciento a base de vegetales y libre de productos animales, por lo cual excluye los lácteos, los huevos y la miel. Asimismo, sugiere abstenerse del uso de materiales como la seda, el cuero y la lana en accesorios y prendas de vestir. Esta dieta contempla una gran cantidad de frutas, verduras, legumbres, granos, nueces, semillas y cereales.

Macrobiótica

Está basada en la creencia de que cada alimento tiene una energía femenina (frutas y verduras) o masculina (productos animales y legumbres), y sugiere un tipo de alimentación donde estos opuestos se combinen para mantener el equilibrio en el cuerpo. Para ello propone principalmente el consumo de frutas, verduras, granos y cereales enteros (arroz, quinoa, soja y centeno), así como la ingesta, en dosis pequeñas, de carnes blancas y huevo. Todo tipo de harina o dulce (con excepción de la miel de maple) debe ser eliminado, y los alimentos deben cocinarse con técnicas sencillas con un mínimo de especias y condimentos. Dentro de los principios de esta dieta, la meditación y los ejercicios físicos que buscan reforzar la conexión del individuo con la naturaleza son un complemento fundamental de la alimentación y, por tanto, deben practicarse con disciplina y regularidad.

Crudívora o “raw”

Esta dieta contempla alimentos exclusivamente de origen vegetal y propone consumirlos en su estado natural: sin cocinarlos, hervirlos o modificarlos de alguna forma. Se basa en la idea de que el calor que se emplea en la cocción de los alimentos no aporta ningún beneficio nutricional y, por el contrario, disminuye su calidad proteica, apelmaza las grasas, carameliza los carbohidratos y debilita los nutrientes. Los crudívoros aseguran que al comer de esta manera el individuo se acerca a la naturaleza en su forma más pura, lo que resulta en una mayor conciencia ecológica. Dado que casi ningún grano o legumbre puede comerse sin ser cocinado, esta dieta se compone principalmente de frutas, verduras, nueces y semillas, así como, en algunos casos, carne y pescado crudos.

Una dieta a la medida

Con la gran cantidad de información disponible sobre tendencias alimenticias, salud y nutrición y con tantas opiniones —a veces encontradas— sobre lo que es conveniente o no, puede ser una labor confusa y extenuante elegir a diario los alimentos que vamos a comer. Por ello, es importante recordar que no existe una dieta o un estilo de alimentación que convenga a todos por igual. Cada cuerpo es único y sus necesidades son diferentes, por lo que el mejor consejo es siempre escucharnos a nosotros mismos y tratar de identificar, con paciencia y atención, cuáles alimentos nos favorecen y cuáles no.

Recomendaciones para una dieta saludable

A la hora de trazar nuestro propio plan, vale la pena tener en cuenta esta información en la que coinciden muchos estilos de dieta:

- Pregúntese siempre por el origen y el recorrido que tuvo que hacer el alimento que está consumiendo antes de llegar a su mesa.

- Manténgase alejado de comidas procesadas, preservadas y empacadas, del azúcar refinado, los endulzantes artificiales y las salsas y aderezos que vienen listos para usar.

- Prefiera siempre productos naturales, orgánicos e integrales.

- Incremente el consumo de vegetales y frutas frescas (procure que constituyan al menos el 50% de sus comidas).

- Reduzca el consumo de productos animales.

- Limite las grasas saturadas e incluya en su dieta grasas saludables como el aceite de oliva o el de coco, las aceitunas y el aguacate.

- Mantenga una dieta variada y asegúrese de que ésta lo provea con las dosis adecuadas de proteínas, vitaminas y minerales.

- En lugar de contar calorías, enfóquese en la calidad de los alimentos. No es lo mismo comer 100 calorías de papas fritas de paquete que 100 calorías de papaya.

- Coma despacio y únicamente cuando tenga hambre. Mastique varias veces cada bocado y deje de comer antes de llegar al estado de completa saciedad.

 

* Periodista, fotógrafa y editora colombiana.

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