La nueva invasión española

Por: / Mayo 2021

España está haciendo algunos de los mejores productos audiovisuales de la actualidad. Nuestro televidente de cabecera revisó las plataformas de streaming y trajo algunas joyas que no pueden pasar desapercibidas. Y no son las que todos estamos pensando...

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Q

ue España esté haciendo algunas de las mejores series del mundo no debe sorprendernos: su dramaturgia se ha ido depurando lentamente durante los últimos cuatrocientos años. Ha venido madurando mientras recogía lecciones y recursos creativos. 

Y mucho cuidado que no me refiero a las piezas obvias, a las que se roban la atención de toda una familia durante la maratón de un fin de semana largo. La casa de papel, por ejemplo, encandila durante las dos primeras temporadas. Personajes como Berlín o El Profesor fueron armados con el cuidado de un artesano, desde la proyección de la voz hasta la angustiosa tranquilidad que exhibe el jefe de la banda, siempre al borde, siempre listo para resolver lo imposible. El autor de la serie, Alex Pina, no escribió un guión sino que trazó un laberinto donde cada acertijo tenía la mejor de las respuestas. Es difícil sostener durante diez o veinte horas esa tensión. En sus mejores momentos, La casa de papel es tan intensa como Breaking Bad

Pero la plata corrompe. O, como lo dijo don Francisco de Quevedo, uno de los pilares de esa dramaturgia poderosa que viene desde el otro lado del Atlántico, “poderoso caballero es Don Dinero”. Fue ese poderoso caballero quien logró convencer a Alex Pina para escribir otras dos temporadas de una serie que había terminado de manera efectiva y también espectacular tras su segunda temporada. Después de ese agregado, la serie quedó convertida en un culebrón improbable, infumable. Igual, los hinchas de La casa de papel, fieles como el mal aliento, convirtieron cada una de las temporadas en millonarios taquillazos.  

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En orden de popularidad: Vis a Vis, Las chicas del Cable y Merlí tienen capacidad de conectar con el público, que las ha convertido en temas de conversación de compañeros de oficina para tapar la tristeza de un lunes en la mañana. Pero por esas series tan populares no es que hemos decidido escribir este artículo.

HBO abrió el portal para obras de verdad memorables de la producción audiovisual española contemporánea. Hay una nueva ola, una nueva invasión española, podríamos decir. Hablemos por ejemplo de La peste. 

Sevilla, en 1597, era el puerto que recibía las riquezas del Nuevo Mundo. Pero la corrupción la convirtió en un barrizal, en un foco de enfermedades, de hambre, de hordas de niños diabólicos capaces de coser a puñaladas a un soldado para quitarle sus alforjas. Y todo por los hombres que la gobiernan, que la saquean, que desprecian y encierran y matan y violan a sus mujeres. Un fascinante descenso a los infiernos ha sido lo que escribieron Alberto Rodríguez y Rafael Cobos, creadores de la serie. Todo eso aderezado por un detective tan inteligente y original como Marcos, un verdadero hombre del Renacimiento, lleno de ciencia y anarquía, y por Teresa de Pinelo, la poderosa mujer que usa todos sus recursos para salvar a las prostitutas del puerto, acorraladas por La Garduña, la pandilla que domina con el respaldo del gobierno local.

Lo más impresionante de La peste es la capacidad que tuvieron sus creadores para inventar un mundo. Toda serie o película de época es también de fantasía, porque se trata de inventar un universo que solo existe en la imaginación. Y el diseño de arte de La peste deslumbra en una producción de cinco millones de euros, un presupuesto modesto teniendo en cuenta los que se manejan ahora. Nos sentimos a veces viajando a través de una máquina del tiempo, conociendo de manera muy vívida la miseria de ser mujer y pobre en la España de finales del siglo XVI. De nada les sirvió América.

Una de las estrellas en La peste es Paco León, conocido masivamente en Colombia por su papel de Maria José, la esposa trans de Paulina en La Casa de las Flores. León se ha revelado como uno de esos talentos absolutos que suele tener cada cierto tiempo la industria española del espectáculo. A sus 47 años ha explotado. Maniático del control absoluto, escribió, dirigió y actuó en la provocadora, anárquica y hermosa ¡Arde Madrid!, otra miniserie española que no cabe más que calificar como perfecta.

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Es 1962 y el comunismo es un fantasma que recorre Europa. Ava Gardner vive en Madrid, y al general Franco le preocupa que la diva traslade su fiesta perpetua a la capital de España. Gardner es amiga de Dalton Trumbo, de Hemingway, de toda la Lista Negra. Su casa puede convertirse en una guarida de conspiraciones. Ana Mari es una rígida y virginal profesora de instrucción básica y enseña a sus alumnas que una buena esposa nunca provoca que su marido se vea obligado a golpearla. Ella es la espía escogida por el régimen del Generalísimo para vigilar la casa de la diva. 

Filmada en un blanco y negro exquisito, escrita con la libertad de convertir a Perón y a Isabelita en las patéticas caricaturas que a la larga fueron, con unos créditos tan rumberos, tan sexys, ¡Arde Madrid! es otra muestra de la buena salud de una televisión que ya está lista para atreverse a todo.

Con la serie Internado, y su primera parte, Las cumbres, colgado hace unas semanas en Amazon, también vemos su intención de mandar dentro del público centennial con historias que están lejos de ser melodramas banales. Y esperen que empiecen a llegar al país todo lo que están haciendo de terror, porque si algo saben hacer los discípulos de Buñuel es crear atmósferas pesadas, expresionismo, sensación de asfixia, paroxismo. Lo advertimos: una nueva invasión española ha llegado.  


* Periodista, editor y guionista colombiano.

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