Pasar al contenido principal
Bienestar Colsanitas

El impacto del covid-19 en la salud mental

Ilustración
:

Un aumento de los cuadros de ansiedad, depresión, trastornos del sueño y deterioro cognitivo es la consecuencia más evidente del covid-19 en la salud mental de las personas alrededor del mundo. La investigación y el seguimiento continúan. Una mirada a los principales hallazgos.

SEPARADOR

Hay un chiste de los primeros días de la cuarentena que dice: “Los dinosaurios también pensaron que después del asteroide saldrían mejores”. Nuestro destino fue diferente al de esos animales prehistóricos, y lo cierto es que nadie sabe si salimos mejores o peores: solo que salimos. O vamos saliendo. El covid-19 alteró profundamente la economía global, los sistemas de salud, todos los métodos de educación del futuro, y acabó con la vida de millones de personas o con sus mecanismos de subsistencia. Las formas en las que nos cambió son ruidosas, por supuesto, y también sutiles.

Sucede que tres años después de declarada la pandemia, aún nos despertamos y decimos: “Vaya, no sabía que me sentía así”. De hecho, según algunos estudios, los efectos en la salud mental están revelándose en su verdadera dimensión hasta ahora; porque, sí, las implicaciones del virus las sufrimos entonces, pero muchas de ellas han seguido cocinándose a fuego lento en estos tres años. 

De repente descubrimos que nosotros mismos o alguien cercano tiene depresión, o ansiedad, o miedo; otros, o nosotros, sentimos alegría y cierta sensación de bienestar respecto a cosas que antes de 2020 no estaban en nuestro panorama. Pensemos que esta mañana, el vaso amaneció medio vacío para unos y medio lleno para otros. O con sombras para unos y luces para otros.

Algunas sombras

El covid-19 provocó secuelas neuropsiquiátricas en los pacientes sintomáticos y asintomáticos; la severidad de estas secuelas tuvieron que ver con la complejidad de la infección y la preexistencia de otras enfermedades. 

Por ejemplo, un estudio de la revista Nature, titulado “How COVID-19 shaped mental health: from infection to pandemic effects”, señala que dichas secuelas abarcan el espectro que va de la alteración del sueño y la fatiga al delirio y el deterioro cognitivo, con problemas puntuales en la memoria y la concentración. Para ponerlo en números, de una población de 18.917 pacientes con secuelas hasta 77 días después de haber desaparecido la infección, al menos 27,4 % presentaron alteraciones del sueño; 24,4 %, fatiga; 20,2 %, deterioro cognitivo; 19,1 %, ansiedad relacionada a la infección…, y la lista podría seguir extendiéndose hasta el inicio de una nueva pandemia.

Otras de las implicaciones directas que es imposible dejar a un lado son aquellas en las cuales hubo una afectación directa del cerebro, es decir, aquellas que solo han sido identificables a través de neuroimágenes. La mayoría tienen que ver con inflamaciones del órgano, las más graves llegan incluso a diagnósticos de meningitis, encefalitis, desmielinización inflamatoria, infarto cerebral y encefalopatía necrosante hemorrágica aguda.

En tanto condiciones neurológicas, llegaron a provocar síntomas de patologías psiquiátricas iguales a las mencionadas arriba: alteraciones del sueño, fatiga, etcétera. De hecho, mediante estudios post mortem se ha establecido una relación entre pacientes con covid-19 que presentaron alteraciones psiquiátricas durante la hospitalización e inflamación y daño neuronal.

Ahora bien, si miramos las implicaciones indirectas tenemos un abanico mucho más amplio y documentado que el anterior. En junio del 2022, la OMS publicó el informe World mental health report: Transforming mental health for all, en el que confirman lo que para entonces ya era un secreto a voces: el covid-19 disparó los índices de angustia, depresión, ansiedad, estrés postraumático e ideación suicida en el mundo. Incluso, otro boletín de la misma organización lo había confirmado un par de meses antes: “En el primer año de la pandemia por covid-19, la prevalencia global de ansiedad y depresión aumentó hasta un drástico 25 %”. Y una de las principales razones para ello fue que la pandemia exprimió todo de nosotros y de nuestras instituciones de salud.

No olvidemos que a medida que el virus se extendía, nos fuimos aislando, conocidos o familiares perdieron sus trabajos, nuestros hermanos o hijos tuvieron que enfrentarse a la realidad de estudiar precariamente desde casa. Mientras tanto, los servicios médicos se concentraban exclusivamente en atender pacientes de covid. De hecho, el informe de la OMS advierte que, para comienzos de 2022, al menos 44 % de los países participantes de una encuesta mundial revelaron interrupciones prolongadas en los servicios de salud mental, desde atención hasta prevención, durante la emergencia sanitaria.

Hoy la OMS reconoce que los factores relacionados al aislamiento y a la falta de acceso a una atención oportuna fueron detonantes de mecanismos de afrontamiento negativos por parte de millones de personas, que se volcaron, principalmente, al consumo de alcohol y drogas, así como a otras prácticas evasivas y de gran poder adictivo, como el juego en línea y las apuestas. 

Dice la OMS: “Una de las principales explicaciones de tal aumento es el estrés sin precedentes causado por el aislamiento social resultante de la pandemia. Vinculado a esto estaban las limitaciones en la capacidad de las personas para trabajar, buscar el apoyo de sus seres queridos y participar en sus comunidades”. A esa explicación hay que sumarle el miedo a la infección, al sufrimiento y a la muerte de uno mismo y de los seres queridos; el dolor a causa de una pérdida, y la soledad. 

COVID SALUD MENTAL CUERPOTEXTO

En el caso de los niños y adolescentes, se clausuraron sus espacios de interacción social: el colegio, los parques, los cines, etc., lo cual los llevó a un aislamiento radical y a mayor susceptibilidad a abusos de diversa índole. Y, claro está, la explicación numérica encabeza el listado, como señala la revista Nature: hubo 590 millones de casos confirmados y 6,4 millones de muertes en el mundo hasta agosto de 2022, de los cuales nos fuimos enterando a cuentagotas en los medios de comunicación. 

Los expertos aún están indagando en las implicaciones del covid-19 en la salud mental, especialmente en los trastornos más severos. La razón es que la cobertura en el tema sigue siendo precaria y estos, con sus síntomas persistentes e incapacitantes, deben ser diagnosticados por un especialista. Según el periódico El País, “Colombia cuenta con 2,5 psiquiatras por cada 100.000 habitantes, muy por debajo de la tasa de 10 por cada 100.000 habitantes que recomienda la OMS”. La brecha es abismal. En el municipio de Soacha, por ejemplo, hay un psiquiatra que asiste media jornada una vez a la semana para cubrir la demanda de dos hospitales públicos, algo así como uno para 870.000 personas.

Algunas luces

El informe de la OMS deja ver una luz en medio de la sombra, en tanto subraya que el ser humano ha probado ser resiliente ante el estrés y las vulnerabilidades causadas por la pandemia. Muchos especialistas en salud mental han reportado que algunos de sus pacientes encontraron mecanismos de afrontamiento saludables a las exigencias de estos años: desarrollaron actividades al aire libre, visitaron más espacios verdes, fortalecieron el contacto regular con amigos y familiares o crearon lazos informales de apoyo comunitario. El doctor Juan Omar Carrillo, psiquiatra de la clínica Campo Abierto, dice que el confinamiento nos demostró que aquellas prácticas que han sido recomendadas desde la época de nuestros abuelos en verdad tenían efectos concretos en la modulación de síntomas afectivos como el estrés, y operaban como factores protectores a nivel cognoscitivo.

Los primeros meses de aislamiento obligatorio nos mostraron que el mundo al que estábamos acostumbrados no era tan corriente como nos parecía entonces, sino que era verdaderamente bello, dotado de sensaciones inalcanzables entre cuatro paredes. Una de las consecuencias de las pandemias es que las personas se lanzan de cabeza a buscar los colores de la naturaleza al término de las cuarentenas; sucedió con la gripe española y sucedió ahora. 

Hoy sabemos de los beneficios que la naturaleza trae para nuestra salud mental, de ahí que algunos gobiernos, como el canadiense, le estén apostando a prescribir visitas a los parques naturales nacionales con el objetivo de reducir el estrés, la ansiedad y la depresión. Este tipo de prescripciones se hace cada vez más generalizado alrededor del mundo.

Por otro lado, la pandemia nos aisló de múltiples maneras, cortó los lazos físicos que nos unían con amigos y familiares. Pero ese movimiento, por fortuna, terminó anudando otros lazos en caminos menos superficiales, conduciendo a relaciones interpersonales cercanas, sólidas, atentas, consideradas. Hoy algunas personas se sienten más seguras de buscar compañía, de visitar a sus padres o hermanos o amigos. La OMS insiste en que hubo mecanismos de afrontamiento que beneficiaron seriamente nuestra salud mental: desde el café con los amigos hasta el almuerzo con los familiares lejanos.

Finalmente, encontramos algunas luces cuando podemos hoy trabajar, estudiar o hacer algún trámite bancario sin salir de casa. La monstruosa pandemia comprobó que la presencialidad total era innecesaria en muchos aspectos de la vida urbana; que había tantas cosas que podíamos hacer sin desplazarnos en buses atiborrados en medio del tráfico imposible de las grandes ciudades. 

Y, entre esos descubrimientos, estuvo el de la teleconsulta de salud mental. Aunque la proporción de profesionales-pacientes sigue siendo insuficiente, la virtualidad posibilitó formas de encuentro mucho más económicas y, por tanto, asequibles para algunos de nosotros. 

Es cierto que la teleconsulta no mitiga del todo el problema de la falta de profesionales en salud mental, en Colombia y en muchos países. Sin embargo, como señala el doctor Carrillo, sí aumenta la posibilidad de recibir atención en momentos de crisis y de garantizar su seguimiento a lo largo del tiempo. 

Para él, la teleconsulta en salud mental es útil sobre todo en el caso de las valoraciones iniciales de pacientes con crisis agudas de sus síntomas, en términos de que cumple la meta de controlar la crisis y abrir una brecha de tiempo suficiente para que el paciente tenga acceso a un acompañamiento presencial más completo, que redondee el proceso. También en el caso de los pacientes que están ya en un tratamiento, donde la alianza terapéutica con su médico está consolidada, pues permite aprovechar mejor el tiempo y reducir factores estresantes externos asociados a la movilidad y el desplazamiento. 

Esto para decir que hemos logrado cambiar el foco de la virtualidad y el encierro, que a partir de un punto nos causaron molestias y malestares durante el confinamiento, para iluminar mejor nuestra experiencia en el mundo que vino después del covid-19.  

FOOTER CUERPOTEXTO 

*Escritor y filósofo. Colabora con frecuencia en Bienestar Colsanitas y en Bacánika.

SEPARADOR

 

Brian Lara

Periodista. Colaborador frecuente de Bienestar Colsanitas y de Bacánika.