Así me volví vegetariana: convicción, ideales y críticas

Por: / Octubre 2022

El sufrimiento provocado a los animales por parte de distintas industrias del mundo llevó a Juliana a tomar la decisión de sacar la carne animal de su plato y mantener el amor por los animales como un principio en su vida.

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Desde muy pequeña recuerdo haber tenido cierta afinidad y compasión por los animales. Me gustaba darles comida a los perros y gatos que veía en la calle y me ponía triste o intentaba ayudarlos cada vez que encontraba alguno abandonado o herido en las carreteras. Siempre fui de las que se acercaba a ellos sin miedo. Sin embargo, durante toda mi niñez y parte de mi adolescencia nunca entendí realmente todo lo que había detrás de los platos de comida con los que me alimentaba día a día. 

Siempre creí —por ignorancia, desconocimiento y muchas veces por estar en “automático”—que el maltrato animal no iba más allá de los casos que se presentaban con los animales domésticos. A esto se le conoce como especismo, un término poco conocido pero muy aplicado en la actualidad; es una forma de discriminación que ejercemos hacia algunas especies animales. Por ejemplo, en la cultura occidental solemos ser especistas con los pollos, vacas y cerdos pero no con los perros y gatos, es decir, es común el maltrato hacia estas tres especies pero no lo es con los animales que consideramos domésticos. 

Un día empecé a entender esto un poco mejor y fue como si una chispa dentro de mí se prendiera.  Entendí la triste realidad de lo que significa ser animal en este mundo. 

Recuerdo que estaba en el colegio y tuve que hacer, junto a una amiga, un trabajo sobre el comercio ilegal de cuernos de rinocerontes y su caza furtiva en África, donde, en los últimos diez años, 7100 rinocerontes han sido cazados para fines económicos, de acuerdo con cifras de WWF. En la búsqueda de información, nos encontramos con varias cifras, imágenes y casos que nos conmovieron, pero fue un discurso que nos encontramos en Youtube, del activista por los derechos de los animales y conferencista estadounidese Gary Youroffsky lo que realmente me hizo abrir los ojos a todo lo que pasaba a diario con los animales. A pesar de mi asombro por toda la información que acababa de ver y escuchar, no hice ningún cambio en mis hábitos pero fue el inicio para la decisión que tomaría unos años después.

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Durante mi primer semestre de la universidad decidí que no quería alimentarme más con carne animal. Lo gracioso de todo esto fue que ni siquiera fui al médico para asesorarme sobre mi nueva dieta y en mi casa nadie me creyó porque parecía un “capricho”. Yo vivo con mi mamá, su esposo y mi hermano y ninguno de los tres me tomó en serio; por supuesto, este primer intento fue fallido y me duró poco menos de un mes. 

Aproximadamente un año y medio después, empecé a documentarme de lo que hay detrás de las industrias cárnicas, lácteas y pesqueras, principalmente, y su maltrato, abuso y maldad hacia la vida de los animales. “Me quité la venda” y pude darme cuenta de lo que pasa a diario en los mataderos. En pocas palabras, las personas tratan a otros seres sintientes como simples objetos, sin mostrar piedad hacia cualquier signo de dolor y  en ocasiones disfrutando cada golpe o herida que les hacen. 

No quiero sonar amarillista, ni mucho menos moralista, pero como dice la popular frase: no hay peor ciego que el que no quiere ver y yo por fin quise ver de qué se trataba todo lo que había detrás de los platos que me estaba comiendo y que, de hecho, por tradición está normalizado comerlos. Luego de investigar y entender que muchas de estas industrias, en especial la ganadera, son en gran parte las responsables de las altas tasas de deforestación, contaminación ambiental y maltrato animal del mundo me impulsó a no seguir siendo partícipe de ello. Porque no me servía de nada ponerme triste e indignarme si no hacía algo para aportar al cambio. 

Fui al médico para asesorarme sobre la nueva dieta que iba a llevar de ahí en adelante y me di cuenta del sinfín de recetas y variedades que se pueden lograr a partir de los vegetales, frutas, cereales, semillas y legumbres. Sin embargo, siendo muy honesta, fue difícil adaptarme y dejar de comer esas comidas que tanto me gustaban. Y es que ese es el punto, la mayoría de personas que conozco que son vegetarianos o veganos no dejaron de comer carne por su sabor sino por algo que va más allá de eso y del placer que eso pueda significar; en la mayoría de los casos, como en el mío, la decisión se toma por una razón moral y ética.

 

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El dato

El 80 % de la deforestación mundial se le atribuye a la expansión agrícola. De ese porcentaje, aproximadamente el 75 % se destina a alimentar animales para el consumo humano, de acuerdo con cifras de Greenpeace. 

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El siguiente paso fue compartir la decisión. Como era de esperarse en una familia bastante tradicional, la noticia no fue bien recibida por una gran parte de ella. De ahí en adelante tuve que soportar algunos comentarios difíciles por parte de mis seres queridos y presencié cómo de la noche a la mañana todos eran nutricionistas expertos y tenían anécdotas de conocidos que se enfermaron y hasta murieron a causa de no comer animales, sin embargo, nunca les escuché hablar de las enfermedades asociadas al consumo de carne como varios tipos de cáncer, colesterol alto, enfermedades cardiovasculares y problemas en las articulaciones.

Después de un tiempo, también empecé a tener conciencia al momento de adquirir un producto. No es racional no comerme a los animales pero sí ser partícipe de su asesinato y maltrato para mi ropa y productos de aseo y belleza. La creencia de que los animales están para servir a los humanos está tan normalizada e industrializada que hasta en productos como panes, dulces, champús, cremas, jugos de fruta, vinos y frutos secos hay rastro de crueldad animal. 

Hoy, a mis 22 años, considero que lo más importante de este camino en el vegetarianismo es que finalmente siento paz conmigo porque sé que también hay paz en mi plato de comida. Pero este camino no termina aún, mi próxima meta es llegar a ese mundo tan bonito, pero también tan criticado y temido por muchos: el veganismo.

 

* Periodista de Bienestar Colsanitas.SEPARADOR

 

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