Un amor sonoro y pagano

Por: / Fotografía: Helkin René Díaz / Abril 2016

Pocos lo conocen por su verdadero nombre, César Villegas. Para los amantes de la salsa, el bolero y el son, él es César Pagano, el hombre que ha hecho bailar a varias generaciones de bogotanos en sitios como Salomé y El Goce Pagano. Lo visitamos en su asombrosa discoteca.

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Un Sociólogo, trotamundos, locutor, César “Pagano” Villegas condució dos programas en Javeriana Estéreo 91.9 FM: Conversación en tiempo de bolero, los domingos a las 7 pm, y Sóngoro cosongo, los sábados a las 12 pm. Ha hecho más de dos mil entrevistas a músicos entre los que se cuentan Celia Cruz, Héctor Lavoe, Mongo Santamaría, Totó La Momposina, Dámaso Pérez Prado... así como a compositores y teóricos de la música.

Se mudó hace 20 años al barrio La Esmeralda con sus diez mil vinilos, sus más de mil entrevistas grabadas en cintas y centenares de discos compactos. César numeró las cajas y las organizó por géneros. Se pasó seis meses poniendo orden. En estos años la colección se duplicó, y hoy sólo se salvan la cocina y un baño de la invasión de discos de larga duración.

—No me volvería a trastear —dice, flanqueado por un estante de acetatos que va del piso al techo—. Me tomaría un año empacar y desempacar.

Su apego a la música se lo debe a su padre y a su abuela. Ellos oían zarzuelas, boleros, música nacional y rancheras. También a haber crecido en un barrio que oía mucho tango: Manrique, en Medellín. A los 15, calcula, consiguió sus primeros discos: uno de mambo de Pérez Prado y otro de jazz de Louis Armstrong.

¿Por qué colecciona vinilos y desde cuándo?

Lo de la colección derivó del gusto por la música. Empecé de chico, cuando fui estudiante de música, concursante en los programas de aficionados. Me inicié sin la idea de hacer una gran colección. Cuando tuve un número notable de discos, me dediqué a incrementar ese número, a organizarlos, a clasificarlos. Empecé a los 15 años por los bambucos, las rancheras, el tango, y luego por la música clásica, la zarzuela, la ópera, el jazz. Luego me interesé por la música latinoamericana, empezando por la colombiana y del Caribe. Cuando fundé El Goce Pagano en 1978 se agregó otro ingrediente que es la música cubana, que también he estimado en grado sumo.

¿Conserva esos primeros discos?

Uno que otro. Tengo discos de 78 revoluciones por minuto y longplay de 10 pulgadas, llamado 4x4, que luego fue reemplazado por el de 12 pulgadas, a mediados de los años 50 del siglo pasado. Simultáneamente apareció el disco de 45 revoluciones por minuto, que también estaba coleccionando. Luego apareció el casete, muy útil para grabaciones y entrevistas. Luego, pasamos al disco compacto. Pero los coleccionistas preferimos el acetato, la pasta.

¿Por qué el vinilo sobre otros formatos?

El vinilo de 12 pulgadas tiene un sonido comprobado en los estudios de grabación porque, en los extremos, da mayor frecuencia. Para los graves y los agudos, para el brillo. Siempre que se conserve en buenas condiciones durará lo que duren los reproductores. En cambio, el disco compacto nadie sabe cuánto va a durar. Hay discos compactos que con 20 años se han borrado, por ejemplo. El casete ha durado más de lo que se esperaba, tengo unos de hace 40 años.

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¿Cuántos discos de vinilo tiene su colección?

Debo estar cercano a unos 20 mil. También tengo unos ocho mil cedés y tres mil videos. Los casetes son incontables.

¿Qué conserva de sus primeros años de coleccionismo?

Tuve una primera etapa de coleccionista aficionado que llegó hasta 1978, cuando fundamos El Goce Pagano con Gustavo Bustamante y Juan Guillermo Gaviria. A partir de ese año compré más música para compartir con los contertulios. Tenía además más medios económicos, porque nos fue bien. El Goce Pagano era un centro cultural musical, un centro alternativo de pensamiento social, rebelde. Llegaron teatreros, músicos, danzarines, periodistas, jóvenes profesionales, quienes se sintieron interpretados por ese tipo de establecimiento que tenía la cultura dentro de la fiesta. Se marcó una diferencia, y empezamos a ser imitados por otros locales: Café Libro, Son Salomé, Sonfonía, Salsa Camará. He fundado cuatro Goces Paganos y Son Salomé, incluso uno en Medellín.

¿Cómo elige qué vinilos sumar a su colección?

Uno se va formando un criterio a través del conocimiento, de lo que aprende con los músicos, del estudio de la música. Fui depurando mi gusto y me fui quedando principalmente con Latinoamérica y la música del Caribe, empezando por nuestro país. Y Cuba y Brasil, que me parecen unas potencias musicales.

¿Tiene algún disco que tenga que escuchar constantemente, algún preferido?

En la salsa, uno de mis artistas preferidos es Eddie Palmieri. Y la obra que yo recomiendo es Un día bonito. Una pieza de 14 minutos. Empieza con una fina introducción que parece de música clásica contemporánea y termina en plena fiesta, en un derroche con más de 30 músicos al que da voz Lalo Rodríguez, quien aportó el texto de esa música. En el jazz, durante mucho tiempo estuve obsesionado con Louis Armstrong, un pionero. También disfruto el free jazz de un pianista como Cecil Taylor, pasando por Thelonius Monk, Bud Powell, también Ella Fitzgerald, Billie Holliday o Sarah Vaughan, y el tango contemporáneo, que arranca con Aníbal Troilo y se desarrolló con el maestro Astor Piazzola.

¿Los grupos colombianos de moda como Bomba Estéreo también tienen un espacio en su colección?

Respeto, admiro y cultivo la música que me parece valiosa. No hago barreras de regiones ni de épocas ni de géneros.

¿Tiene en su colección de vinilos géneros musicales que le desagradan?

Sí. Quizá como demostración de lo que no debe hacerse. Tengo una pequeña muestra de plagas ruidosas, como las llamo, de ciertos ritmos de los que no debe aspirar a reproducir un buen músico.

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“Uno se va formando un criterio a través del conocimiento, de lo que aprende con los músicos, del estudio de la música. Fui depurando mi gusto y me fui quedando principalmente con Latinoamérica y la música del Caribe”. 

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¿Qué es lo más arriesgado que ha tenido que hacer para conseguir un disco?

Hay que hacer muchas cosas: viajar mucho u ofrecer cifras muy elevadas para conseguirlos a través del comercio, a través de subastas por internet. Puedes pagar por arriba de 500 u 800 dólares para quedarte con un disco muy cotizado.

¿Ha asistido a alguna subasta donde se ofrezca una suma exorbitante?

Mil dólares. Se puede dar en un evento como la Feria de Cali, la Feria de las Flores de Medellín, en Bogotá, en eventos como Salsa al Parque. Allí es donde se produce el encuentro de compradores o vendedores.

¿Ha hecho trueque de unos discos por otros?

Claro. Cuando hay discos que uno va apreciando menos, los cambia por otros.

¿Alguno que no cambiaría nunca?

Los regalados por artistas o amigos.

¿Hay protocolo para ordenar los vinilos y conservarlos?

Limpiarlos con agua y jabón normal, no detergentes. Cuidar la carátula. Tengo un orden por países, alfabético y por tipo de música.

¿El polvo y la humedad no son una amenaza para su colección?

 No. Mayormente tenemos un clima seco. Más bien, Bogotá tiene unas condiciones favorables para el coleccionismo de vinilos.

¿Cuál será el destino de esta colección?

Quiero que cumpla una función, un beneficio social. Quiero que quede en una institución. Hasta ahora la que más probabilidades tiene y que me ha comprado más es la biblioteca Luis Ángel Arango. Me ha adquirido la totalidad de las entrevistas que le he ofrecido, y buena parte de los discos de la colección colombiana.

¿No la heredará su familia?

Tengo cuatro hijos, dos me salieron rockeros y las otras dos no viven en el país. Ellas, que son de la música del Caribe y de la salsa, ya están casadas, pero viven en Ecuador y Cuba. Tengo nietos ya, pero son muy chiquitos. Hay que tratar de que esto quede donde estudiantes, profesores, y el público general lo pueda consultar.

 

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