Así funciona el efecto placebo

Por: / Ilustración: Liliana Ospina / Abril 2022

 

Muchos hemos oído mencionar el “efecto placebo”, pero pocos sabemos en qué consiste, cómo se activa, en qué tipo de malestares y afecciones funciona. Incluso, pocos conocemos el determinante papel que desempeña en el estudio de nuevos tratamientos.

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Entre las muchas y sorprendentes capacidades de nuestro organismo, una de las más populares es el efecto placebo, ese que comúnmente podríamos asociar con el poder de la mente para sanar, o por lo menos mejorar un padecimiento del cuerpo.

Aunque ha sido investigado con suficiencia y está en el centro de los estudios médicos sobre tratamientos diversos en nuestros días, no son muchas las personas que comprenden en qué consiste, cómo se activa, en qué tipo de malestares y afecciones funciona, por qué se menciona cuando se habla de las investigaciones alrededor de nuevos tratamientos y medicamentos. Es más, no es inusual que se asocie un placebo o el efecto placebo a un engaño o una falsedad. Salgamos de dudas.

¿Qué es el efecto placebo?

Como explican los artículos de revisión indexados “El placebo y el efecto placebo” de la Revista Cubana de Hematología, Inmunoterapia y Hemoterapia, y “Placebos” de la revista Farmacia Profesional, el efecto placebo es un efecto de mejoría que puede producir un tratamiento sin algún tipo de acción real sobre el padecimiento que sufre un paciente. Ha sido ampliamente estudiado, aunque la intimidad de su funcionamiento sigue siendo un misterio. Según distintos estudios, sus beneficios no solo son percibidos de manera subjetiva en la sensación de dolor o malestar. También son visibles en “variables tan objetivas como la presión arterial, la colesterolemia, la temperatura corporal y la frecuencia cardíaca”, anota el artículo de la Revista Cubana.

Es clave comprender que este efecto no sólo lo producen píldoras, inyecciones u otro tipo de intervenciones. “Hay una máxima de Michael Balint que me gusta mucho: el médico es medicina”, señala el doctor Leonardo Palacios, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad del Rosario y neurólogo de Colsanitas. “Se han hecho estudios que muestran que el trato cálido, el orden y la limpieza, la mirada a los ojos y la atención y el tiempo dedicado por el profesional de la salud que atiende a un paciente ofrece ya un primer efecto placebo con grandes mejoras en la enfermedad que lo aqueja. La confianza y la buena relación son fundamentales para producir estos efectos de beneficio”.

¿Cómo se activa en el cuerpo el efecto placebo?

Se han identificado distintos detonantes o apalancadores del efecto placebo. El primero de ellos es la expectativa, según me indica el doctor Palacios, “como cuando vas a ver una película que te han recomendado. El solo hecho de ir a donde un profesional de la salud que nos han señalado como el mejor o el más indicado para lo que nos aqueja, puede ser un detonante”.

En segundo lugar, está la esperanza de mejoría. En tercer lugar, como se mencionó arriba, el trato y la calidad en la relación con los representantes de los servicios de salud. En cuarto lugar, lo que se conoce como el condicionamiento pavloviano: “Socialmente recibimos, de todo tipo de personas y espacios, el mensaje de que las instituciones médicas son para que uno se mejore, y esto incide en nosotros a modo de condicionamiento: el médico nos va a ayudar, y eso también participa en el proceso psicofisiológico que tiende a la mejoría cuando la persona acude a estas instancias”.

El doctor Palacios recalca: “Hay dos detalles adicionales. Por un lado, se ha probado que la personalidad influye profundamente: los más sugestionables reaccionan mejor. Por último, claro, están los genes: algunos polimorfismos genéticos específicos hacen que ciertas personas respondan mejor que otras”, explica Palacios. Y agrega: “además, y esto es muy importante, cuando se le informa al paciente que está recibiendo un placebo, éste pierde efectividad. ¿Interesante, ¿verdad?”

Hay aún otros factores que pueden intervenir a favor de la mejoría que produce el efecto placebo: “Es muy curioso que, si un medicamento es original, de marca, las personas lo asocian a un efecto más potente que el del mismo medicamento de tipo genérico. También se ha probado que el diseño de las píldoras, con colores vivos especialmente, puede potenciar los efectos; los sabores también pueden ser determinantes, de hecho, entre más feo sabe, parece potenciar más el efecto; así como los inhaladores pueden producir la sensación de estar llevando más a fondo el tratamiento dentro de tu cuerpo, hay muchas variables que pueden ayudar a potenciar su acción en el organismo”, agrega el doctor Palacios.

¿Qué se sabe de su funcionamiento fisiológico?

Lo primero que hay que explicar en este punto es que hay dos tipos de placebos, ambos igual de inofensivos para el organismo: los puros o inactivos y los pseudoplacebos, también llamados placebos impuros o activos. Los primeros son agentes que no actúan de ninguna manera en el organismo: cápsulas con almidón o azúcar mínima, agua o soluciones salinas. Los segundos son sustancias farmacológicas que no tienen un efecto sobre la condición a tratarse: “las vitaminas en pacientes que no las requieren por una deficiencia de ellas, por ejemplo”, anota el doctor Palacios.

Cuando estas sustancias entran en nuestro organismo no producen ningún efecto, pero entonces, gracias a todos los detonantes psicológicos, nuestro cerebro pone en marcha un conjunto de reacciones y mecanismos que desencadenan el efecto: “el efecto placebo tiende a desactivar en parte los centros dedicados a sentir e interpretar el dolor: el tálamo, la corteza somato-sensorial y la ínsula, entre otros. Cuanto más largo es el tratamiento, más se acomodan estas zonas y menos dolor siente el paciente” puede leerse en un artículo publicado en la publicación divulgativa Hipertextual. Y continúa: “Además, el tratamiento con los placebos, según se ha comprobado, también es capaz de disparar una respuesta que viaja a través de la médula espinal, actuando sobre un tejido especial que produce sustancias naturales que reducen el dolor, la sustancia gris periacueductal. Esto último es muy importante y se ha comprobado que bloquear esta sustancia reduce el efecto placebo, por lo que esta sustancia gris periacueductal es un componente principal en el efecto”.

EfectoPlacebo CUERPOTEXTO

Respecto a estos neurotransmisores que participan del efecto de mejoría, el doctor Leonardo Palacios anota: “Hay varios neurotransmisores que se han identificado como asociados al efecto placebo. Entre ellos, la dopamina (vinculado profundamente a nuestra sensación de placer, bienestar y alivio del dolor), la serotonina (relacionado estrechamente con nuestros estados emocionales) y los cannabinoides endógenos (también muy importantes en el bienestar de nuestro sistema nervioso central y manejo del dolor). Estas sustancias son secretadas y sintetizadas directamente por nuestro cuerpo y explican en buena medida el alivio real, bioquímico y físico, que sentimos gracias al efecto”.

¿En qué tipo de dolencias puede ser efectivo el efecto placebo?

El efecto placebo tiene incidencia en un enorme espectro de dolencias. El doctor Leonardo Palacios anota los más frecuentes y llamativos: “El efecto placebo sobre la percepción y manejo del dolor es el ejemplo clásico. Fue investigado y divulgado ampliamente por Henry Beecher en 1955, en un artículo llamado ‘The powerful placebo’. Él fue quien encontró que el 35 % de pacientes mejoraba con solo placebos. Otro caso icónico son las alergias. Herbert Benson hizo un estudio central sobre el tema; le dijo a decenas de personas que participaban en un estudio que se les iba a rociar con una sustancia que producía reacciones alérgicas muy fuertes y que después se les trataría con un novedoso y potente medicamento. El 50 % de los participantes se sintió mal con la sustancia y el 100 % mejoró con el medicamento. Y ambas sustancias eran nada más que una solución salina. El efecto contrario, el del malestar iniciado o empeorado por una sustancia sin acción alguna sobre el cuerpo, se conoce como efecto nocebo”.

Continúa el doctor Palacios: “Se ha usado en cirugía. Bruce Moseley es el investigador clave aquí. Operó a 180 pacientes con dolor de rodilla y lesiones. A un grupo lo operó quitando el cartílago dañado y al otro les practicó una falsa cirugía: les puso anestesia, dispuso la sala con todo el equipo médico habitual, abrieron la piel e hicieron como si ejecutaran la misma rutina de una cirugía de rodilla, pero nunca entraron ni tocaron nada dentro del cuerpo de estos pacientes. Moseley cuidó e hizo seguimiento de los 180 casos durante dos años y todos mejoraron por igual. Y mira que en algo tan complejo como el mal de Parkinson, que causa temblor, rigidez y tantas fallas a nivel funcional motor, se ha descubierto que está asociado a una disminución de la dopamina o defectos en su síntesis. Hay medicamentos que inducen la síntesis de dopamina, y con los que aún se trata a muchos enfermos de Parkinson. Pues fíjate que hasta un 30 % de los pacientes mejoran con solo placebo. Es asombroso. Y cuando se les ha estudiado con resonancia magnética funcional, se ha podido comprobar que con el placebo logran producir dicho neurotransmisor en una cantidad mucho mayor”.

¿Cómo se aprovecha el efecto placebo para la investigación científica?

Actualmente el efecto placebo ofrece un gran beneficio a escala social: es una herramienta fundamental en el diseño y desarrollo de los famosos estudios doble ciego, donde ni los pacientes ni los médicos saben a quién se le da placebo y a quién el medicamento que se investiga. Gracias a esto, se ha podido crear un estándar para el estudio amplio de nuevos tratamientos antes de aprobarlos, sacarlos al mercado y comenzar su aplicación.

“Estos estudios se empezaron a hacer hacia 1950” me dice el neurólogo Palacios. “De hecho, yo mismo he participado en varios. Para que un medicamento sea verdaderamente útil, el estudio tiene que estar por encima del 35 % de eficacia frente a la efectividad lograda en el grupo tratado con placebo. Cuando hay un producto nuevo, nadie te va a comprar la idea si no hay un 50, 60, 70 % de eficacia por encima del grupo tratado con placebo. Y esa posibilidad, darnos una medida para corroborar los avances de nuestros tratamientos, es un gran beneficio de esa particular capacidad de nuestra mente y nuestro cuerpo”.

 

*Historiador y escritor. Colaborador frecuente de Bacánika y Bienestar Colsanitas.

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