Mitos y realidades de la meditación

Por: / Enero 2021

 Una revisión a algunas falsas creencias alrededor de la meditación.

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ara quienes meditan,esta práctica no solo es una herramienta de autoconocimiento y para entender cómo funciona la mente y cómo se percibe la realidad, también puede mejorar las relaciones con los demás y, en consecuencia, traer armonía y bienestar al entorno más próximo. Para Jorge Torres, psicoterapeuta y consultor practicante de la meditación, esta práctica busca que el individuo tenga la capacidad de dirigir su atención. Poder decidir en qué poner la atención y en qué no.

Pero la meditación tiene también consecuencias concretas en el organismo. Estudios recientes publicados en revistas de prestigio comprueban que esta práctica altera físicamente la estructura cerebral de pacientes con depresión. También se reportaron progresos en personas que padecen síndrome de colon irritable, fibromialgia, psoriasis, ansiedad y trastorno de estrés postraumático.

Según un estudio desarrollado en la Universidad de Harvard, se observaron cambios considerables en 172 genes que regulan la inflamación, los ritmos circadianos, la concentración de glucosa y la presión sanguínea en un grupo que meditó quince minutos diarios durante ocho semanas. Aunque se trata de un estudio pequeño, los autores de la investigación consideran que es un descubrimiento clave para demostrar el poder de la meditación en la salud y la prevención de enfermedades.

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A continuación exploraremos algunas falsas creencias que separan a muchas personas de experimentar por primera vez esta práctica tan accesible y beneficiosa.

Meditar es difícil, no es para todos

 “La meditación es un estado natural, pero nuestra cultura nos ha entrenado para estar sobre- estimulados. Si tomamos a la naturaleza como referente de salud, veremos que todo lo que está vivo medita. A ningún animal salvaje se le hace difícil estar en estado contemplativo. Se mueven solo exactamente cuando es necesario”, comenta el psicoterapeuta Jorge Torres.

“Para mí, meditar es como descansar, porque no necesita esfuerzo, muy al contrario de esa idea asociada a sacrificios e imposiciones que la vuelven una obligación más. Meditar es autoobservación, escucharse. Sería completamente ilógico que solo algunos fuésemos capaces de autorrealizarnos. ¿Aquel que no reconoce en sí mismo las herramientas que tiene o que sufre una limitación física no tendría la posibilidad de autorrealizarse? Eso no tiene sentido”, explica Sandra Henao, profesora de hatha yoga.

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”La meditación prolongada en el tiempo puede curar dolencias tan complejas como la migraña y la ansiedad. Y tiene beneficios inmediatos e indiscutibles".

Hay que practicar muchos años para ver resultados

Para Sandra Henao, la meditación es medicina automática: “Por supuesto, luego entendemos que necesitamos disciplina y entrenamiento para que se vuelva un hábito. Así como tenemos el hábito de desesperarnos porque la cosas no nos salen como queremos”.

“La meditación prolongada en el tiempo puede curar dolen- cias tan complejas como la migraña y la ansiedad. Pero también tiene beneficios inmediatos e indiscutibles. Por ejemplo, estoy alterado y me siento a meditar, y en pocos minutos mi respiración se normaliza, mi presión cardiaca también, mi mente está más clara y puedo retomar la situación conflictiva desde otro espacio”, comenta Jorge Torres.

Hay que dejar la mente en blanco o dejar de pensar

Meditar no se trata de luchar con la mente, manipularla o in- tentar controlar o anular los pensamientos. Torres explica: “La meditación es observación directa de nuestro fenómeno mental y físico. El momento en el que decido fijar mi atención, el momento en el que me distraigo y el momento en el que regreso; esos tres momentos sumados, son meditación. Cada vez que pierdo concentración, observo y retorno”.

Para la profesora Henao, es muy importante la aceptación: “Aceptar tus pensamientos positivos y los nega- tivos también. Se trata de soltar, de rendirse. Eso nos hace receptivos y, a la larga, nos permite estar en este momento presente y disfrutarlo. Para mí, el estrés es todo aquello que no podemos aceptar y transformamos en dificultad. No somos receptivos ante la situación y se vuelve tensión”.

Meditar es no hacer nada por un tiempo

Algunas escuelas de meditación promueven la danza convertida en movimiento extremo que provoca una descarga de energía que lleva al éxtasis y de ahí a la quietud. El mindfulness también propone ejercicios de autoobservación durante actividades cotidianas como comer, bañarse o caminar. Así que la meditación no implica quietud absoluta en todos los casos.

Jorge Torres considera necesario tomar en cuenta la propuesta de la meditación budista, por más exigente que parezca: “Cuando no logramos quedarnos quietos, debemos observar esa inquietud. Sin juicio o resistencia. Ver que esa ansiedad es la misma con la que vamos al trabajo o nos relacionamos. Notar cómo se altera la respiración o los latidos, solo porque no podemos detenernos. Te darás cuenta de que en muchas situaciones de tu vida pasa lo mismo”.

Apartar de diez a quince minutos del día para algo de quietud puede parecer casi imposible hoy en día, pero si observamos nuestras rutinas, se hace evidente que esta cantidad de tiempo y hasta más la perdemos viendo nada en la televisión, chateando, espiando vidas ajenas en redes sociales o en muchas otras actividades sin sentido. Quizá valga la pena probar algo diferente unos pocos minutos cada día.

No tengo la condición física para mantener la postura durante todo el tiempo

En ciertos tipos de meditación la postura tiene un papel muy importante. Para Jorge Torres, la postura es una tecnología desarrollada y perfeccionada durante siglos. “El propósito de tener los ojos, las manos, las piernas o la espalda en una posición fija es llegar a ser capaces de detectar hasta el mínimo movimiento, que es una reacción física al pensamiento y una señal de distracción. Tener una posición específica significa tener un punto de control al cual regresar”.

Sandra Henao, por el contrario, recomienda a quienes se inician en la meditación concentrarse primero en la respiración, sin preocuparse por adoptar una postura específica o técnica en particular. Al menos los primeros días.

Podemos buscar una postura que se adapte a nuestras necesidades o limitaciones. Por ejemplo, si tenemos una lesión, podemos sentarnos en una silla con buen apoyo, mantener la espalda recta en el espaldar, ambos pies en el piso y las manos descansando en los muslos. Es importante que la postura no sea demasiado cómoda y también evitar comidas muy pesadas antes de la práctica, porque podemos quedarnos dormidos.

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Algunas escuelas de meditación promueven la danza convertida en movimiento extremo que provoca una descarga de energía que lleva el éxtasis y de ahí a la quietud. El mindulfess también propone ejercicios de autoobservación durante actividades cotidianas como comer, bañarse o caminar.

Es una práctica religiosa y una amenaza para mis creencias

Aunque muchos tipos de meditación tienen su origen en tradiciones religiosas, ninguno excluye o pretende modificar el sistema de creencias de sus practicantes.

A la profesora de yoga Sandra Henao le gusta expresarlo de esta forma: “No somos seres humanos buscando volvernos seres espirituales, sino que somos espíritus viviendo una experiencia humana”. Todos poseemos espiritualidad, independientemente de nuestro credo, y hay distintas formas de desarrollarla.

Podemos ver la meditación como una herramienta o una gimnasia para mente y cuerpo, no es necesario vincularla con una religión.

La meditación debe producir experiencias trascendentales 

“Medito para dejar de ver cosas que no están ahí. Para llegar al punto de solo ver lo que realmente existe, lo que está frente a mí, sin ponerle y sin quitarle. Sin agregarle mis deseos o mis aversiones. Las experiencias ‘fuera de este mundo’ y las creencias alrededor de eso se fundan en vivencias de monjes tibetanos, ascetas del desierto o gente que practicó ayunos muy largos. Nosotros, desde nuestro contexto, no podemos aspirar a eso”, comenta Jorge Torres.

Para Sandra Henao, si bien no se trata de ver ángeles o colores con los ojos cerrados, cada situación es una oportunidad para conectarnos con la profundidad del presente: “Imagina que vas en un bus. Puedes sentir la silla donde estás sentado. Estás atento a todo lo que pasa: el señor que conduce, cómo conduce, la velocidad del vehículo. Te das cuenta de que no estás solo. Observas a las personas que te acompañan y las actividades que realizan. Entiendes que formas parte de un todo”.

Es necesario conocer ciertas imágenes o símbolos 

Jorge Torres recuerda que en las tradiciones más antiguas, cuando la práctica era muy simple y elemental, era fundamen- tal renunciar a todo estímulo, adorno o elemento más allá de la postura y la respiración.

Sin embargo, no todas las mentes o temperamentos respon- den igual en estado contemplativo. En la actualidad existen distintas herramientas disponibles para lograr conectarnos de manera más amigable con la meditación.

“Hay quienes son más sensibles a la vibración del sonido, entonces les sirve un mantra. A los visuales les va mejor una imagen mental o una visualización. Esos recursos son valio- sos porque te ayudan a enfocarte. Pero es importante tomar en cuenta que si esa herramienta se vuelve indispensable para lograr la concentración, puede convertirse en un obstáculo y generar una dependencia que no queremos”, comenta Sandra Henao.

Ayudas tecnológicas 

Existen varias aplicaciones que facilitan la meditación y autoobservación:

Calm: tiene programas de 7 o 21 días de meditaciones guiadas.

Buddhify: atractivos gráficos explicativos, melodías y audios para acompañar la meditación.

The Mindfulness App: varios tipos de ejercicios desde 3 hasta 30 minutos.

Headspace: ejercicios de 10 minutos enfocados en desarrollar el hábito de meditar.

 

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