Las alertas de la depresión infantil

Por: / Agosto 2020

Los niños también se enfrentan a emociones que se salen de control y pueden terminar en una depresión. Aprender a identificar las señales es muy importante para los padres, así como también enseñarles a los niños a manejar sus emociones desde pequeños.

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a Organización Mundial de la Salud define la depresión como “un trastorno mental frecuente que se caracteriza por la presencia de tristeza, pérdida de interés o placer, sentimientos de culpa o falta de autoestima, trastornos del sueño o del apetito, sensación de cansancio y falta de concentración. Las personas que sufren depresión grave necesitan tratamiento. Si la depresión es leve se puede tratar sin medicamentos”.

En Colombia, la cifra de trastornos mentales en niños y adolescentes, según el Ministerio de salud, se ubica entre el 10 % y 15 %. Sí, los niños también pueden deprimirse por diferentes motivos, según explica Anamaría López, Magíster en psicología infantil de la Universidad del Valle, “la depresión en niños menores  de siete años es real y ocurre por la interacción de dos variables: la vulnerabilidad del niño por su funcionamiento biológico y fisiológico (entre lo que se encuentra la genética) y las experiencias vividas en el contexto (situaciones traumáticas o presencia de factores estresantes)”. Por ello considera que debemos crear ambientes de crianza saludables en los primeros años de vida, enfocados en la generación de herramientas para gestionar efectivamente las emociones, con el fin de superar esa vulnerabilidad de algunos organismos y prevenir la aparición de la depresión. “Esta es una enfermedad silenciosa que puede comenzar en la infancia y detonar, generalmente, finalizando esta etapa o en la adolescencia”, recalca la especialista.

Alertas de depresión infantil

Identificarlo en niños menores de siete años es más difícil que hacerlo, por ejemplo, en adolescentes o adultos. Pero existen algunas señales claras que indican cuando un niño puede estar desbordado por una emoción negativa. Tenga en cuenta que para intuir que se trata de un trastorno, los síntomas deben permanecer entre una y dos semanas en el niño. Si los síntomas son esporádicos o poco frecuentes no necesariamente se trata de una depresión.

Se irrita constantemente.

Llora sin motivo.

Se queja de algún dolor sin motivo evidente.

Pierde interés en el juego.

Padece cansancio excesivo.

Baja de peso sin razón aparente (trastornos alimenticios).

Presenta un retraso en el desarrollo psicomotor.

Se vuelve ansioso y miedoso.

- Le tiene fobia al colegio.

- Retroceden algún proceso que ya habían asimilado por completo, por ejemplo ir al baño.

Si el niño presenta los síntomas detallados anteriormente los padres deben acudir al pediatra para que él determine la ruta que atienda esta situación. Muy seguramente requerirá atención psicológica y acompañamiento especial y permanente de los padres.

¿Qué pueden hacer los padres para prevenir la depresión en niños?

- Lo primero es enseñarlos a gestionar sus emociones. Actuar oportunamente frente los sentimientos que se salen de control, por ejemplo las rabietas y pataletas. No se deben reprimir las emociones, hay que ayudar al niño a identificarla y luego verbalizarla, pues los niños más pequeños en ocasiones no logran expresar con palabras lo que sienten. Explicar en qué consiste cada sentimiento es clave para que los niños entiendan que hay momentos en que es válido sentir dolor, miedo, alegría, entusiasmo…

- Mantener una alimentación sana y balanceada. Esto es necesario para que su funcionamiento interno esté bien y así su cerebro funcione de manera adecuada. Recuerde regular el consumo de azúcar, alimentos procesados y comida chatarra.

- Seguir las pautas de la crianza positiva. Esta disciplina refuerza, sobre todo, el vínculo padre e hijo a través del amor y no a través del golpe o el castigo.

- Crear entornos protectores para el niño. Esto significa ocuparnos no solo de sus necesidades básicas (techo, alimentación, salud, educación) sino también necesidades afectivas: amor, buen trato, límites. Que el hogar sea un espacio de vínculos afectivos saludables donde el niño se sienta seguro.

- Enseñar a los niños a afrontar sus problemas y a desarrollar habilidades sociales que les permitan ser resilientes, que aprendan a adaptarse al cambio. Un niño que resuelve sus emociones desde pequeño solucionará sus problemas en el futuro y se adaptará a las condiciones sociales de cada momento. Reparar conflictos emocionales es igual o más importante que realizar tareas escolares.

Recomendaciones depresión infantil

Errores que no se deben cometer ante un niño con síntomas de depresión.

- Ignorar su estado de ánimo, sus dolencias o sus molestias y, por consiguiente, no consultar a un experto. En ocasiones estos trastornos de los hijos nos confrontan como padres y sentimos culpa, por eso no queremos enfrentarlos. Es importante hacerle saber al niño que lo que siente es relevante para nosotros, que su casa es su lugar seguro en el mundo y que sus padres nunca le darán la espalda a sus problemas.

- No enseñarles la importancia del autocontrol. “Hay una estrecha relación entre sentir y pensar. Si hay una alteración emocional, esto traerá efectos en muchas áreas de la vida. Desde temprana edad los niños pueden entender esta relación y aprender a manejar sus emociones de la mejor manera, siempre acompañados por el amor y la orientación de sus padres”, afirma la experta.

 ¿Cómo cuidar la salud mental de los niños en tiempos de crisis?

Estas son algunas recomendaciones de Gloria Escobar, pediatra adscrita a Colsanitas:

1. Estar pendiente de cualquier alteración en la rutina de sueño o alimentación de los niños, y de los cambios de ánimo, sobre todo en los relacionados con la agresividad.

2. Tener cuidado con lo que se habla respecto al tema del covid-19 y sus repercusiones. Ser claros con la información según el nivel de comprensión de cada edad, pero no sobreinformarse o informarse mal. Aunque los niños no se expresen claramente, sí están captando toda las noticias que escuchan o ven, y no las procesan ni expresan lo que piensan de la misma forma que un adulto. Ese es el peligro.

3. Mantener las rutinas de la antigua cotidianidad (las que se puedan: sueño, alimentación, ejercicio). Los niños esperan que sus padres les den seguridad, que sean lo suficientemente fuertes para poder sostenerlos en cualquier situación. Esto no significa que no podamos expresar diferentes emociones frente a ellos; de hecho debemos hacerlo para validar también las suyas. Pero no es correcto cargar al niño con nuestras angustias. Debemos estar atentos a los que hablamos enfrente de ellos, o de las reacciones que tenemos frente a ciertas noticias, o información o conversaciones.

4. Moderar al mínimo posible el tiempo frente a las pantallas interactivas. El uso de las pantallas se ha asociado a comportamientos adictivos, aislamiento social y baja tolerancia a la frustración.

5. La interacción con amigos, familia o maestros no debe reducirse solo a la que tienen a través de las pantallas. Podemos recurrir, por ejemplo, a las llamadas telefónicas, los mensajes de voz, podcasts, algunos encuentros regulados, y así evitar que todo sea “virtual” y de carácter inmediato.

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