Un café con los aromas del mar

Por: / Fotografía : Tata Mahecha / Julio 2019

Más de 350 caficultores de Santa Marta y sus alrededores integran una red que produce y comercializa café orgánico en Colombia, Estados Unidos, Japón y Holanda. Los visitamos.

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rmando Granado es el dueño de la finca La Esmeralda, ubicada a 1.146 metros sobre el nivel del mar, en el sector Minca del macizo montañoso Sierra Nevada de Santa Marta,  que comparten los departamentos Guajira, Cesar y Magdalena. Son 43 hectáreas de siembra, de las cuales se extraen unos 35 mil kilos de café orgánico en cada cosecha, que en el Caribe colombiano es una al año, entre los meses de septiembre y abril. Granado cultiva su café con prácticas que procuran la conservación del suelo y la sostenibilidad del ecosistema, mediante el tratamiento de las aguas residuales, uso de árboles de sombrío y abonos orgánicos: no se usan herbicidas, fungicidas ni fertilizantes. Es café especial suave lavado.

Armando es economista agrícola y miembro de la Red Ecolsierra, una organización sin ánimo de lucro constituida legalmente en el año 2001, con el apoyo de la Fundación Pro-Sierra Nevada de Santa Marta y del Proyecto Procafés.

La historia de Ecolsierra comienza en 1997, cuando se unieron 22 campesinos de la región que no tenían representación en los grupos cafeteros. Al asociarse buscaban desarrollar una estrategia de comercialización que les permitiera colocar sus productos en el mercado. Después, 176 familias asociadas en cuatro grupos le metieron ganas a la idea de fortalecerse como organización de pequeños caficultores, y con ayuda de los comités cafeteros del Magdalena y Pro-Sierra certificaron su producción bajo la resolución orgánica, para abrirse campo en el mercado internacional en un nicho que se conoce como “cafés especiales”.

Víctor Cordero, director de la Red Ecolsierra desde hace 16 años, explica que el consumidor especializado, en Europa, Asia y Estados Unidos, está dispuesto a pagar un precio más alto por este tipo de café porque es intenso en su sabor, de calidad verificable, trazable (se sabe su ruta) y también porque es sostenible, ya que se cultiva con métodos de agricultura ecológica y en condiciones de equidad entre productor y trabajador. Entonces, se entiende que involucra mayores costos en mano de obra y eso justifica el incremento en el valor.

—Por hacer uso de esta modalidad de producción, los caficultores reciben un incentivo en los mercados internacionales de 30 centavos de dólar por libra. Para poder disfrutar del beneficio deben someterse a las exigencias del Reglamento Europeo para la producción orgánica vigilado por la certificadora alemana BCS  Öko-Garantie —precisa Víctor.

"Los procesos también están sujetos a las normas de Comercio Justo o Fair Trade, en la que se promueve una relación justa entre productores y consumidores, y entre los trabajadores y los empleadores".

Los procesos productivos de los caficultores de la Red Ecolsierra también están sujetos a las normas de Comercio Justo o Fair Trade, que es una forma de comercio incentivada por las Naciones Unidas en la que se promueve una relación justa entre productores y consumidores, y entre los trabajadores y los empleadores. Esta certificación les aporta otros 20 centavos de dólar por cada libra que venden los miembros de la Red. Por eso, los asociados deben estar agrupados en organizaciones que funcionen democráticamente, no pueden emplear niños, deben proveer a sus empleados unas condiciones de trabajo dignas y garantizar que sus hijos asistan a la escuela, cuidar el medio ambiente y evitar intermediarios.

Hoy en día la Red Ecolsierra está integrada por 377 familias de Santa Marta, Ciénaga, Fundación y Aracataca que se organizan en asociaciones por sectores, y por cada 10 productores designan un delegado. Luego, en asamblea de delegados se toman las decisiones que deben acatar todos los miembros de la Red.

El 20% del sobreprecio que reciben por concepto de incentivos se retiene para gastos administrativos y de funcionamiento de la Red. Actualmente el 20% de la cosecha la exportan a través de la Federación Nacional de Cafeteros y el otro 80% la vende en el extranjero directamente la Red o su exportadora Ecolsierra Export. La bonificación que se obtiene por Precio Justo se distribuye de acuerdo con los mandatos de la Asamblea General de asociados, en rubros previamente establecidos como educación, mejoramientos de infraestructura y asesoría técnica.

—Formar parte de la Red tiene grandes ventajas. Yo he crecido mucho gracias a todos los apoyos de la organización porque las certificaciones lo obligan a uno a comprometerse y a cuidar la calidad, y como retribución directa recibimos un pago justo. Eso sí, hay que estar dispuesto a que los inspectores le revisen a uno hasta el alma, pero vale la pena —dice Armando.

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El proceso

Para llegar a la finca de Armando Granado hay que viajar en bus desde Santa Marta una hora, y después montarse en una mula otra hora y media. Al llegar, más de 200.000 plantas de café se despliegan por las laderas de la Sierra Nevada, en varios pisos térmicos, bajo la sombra de guamos, nogales, búcaros, árboles frutales y otras especies nativas. Ahí, los frutos van creciendo despacio mientras reciben las brisas frescas de la montaña, neblinas espesas y el salitre marino.

Al llegar la época de la cosecha, entre 25 y 30 recogedores sacan de las plantas los frutos maduros y los llevan hasta el beneficiadero para el despulpe. Terminan separados cáscaras y semillas: las primeras se almacenan para usarse luego como combustible o abono, mientras que las semillas se someten a una fermentación durante 12 o 16 horas, y después se lavan varias veces hasta que el agua sale límpida.

En todas las fincas de la Red las aguas residuales tienen un manejo especial. No son vertidas directamente al suelo o al río sino que pasan por un sistema modular de tratamiento de aguas del beneficio del café, así se filtran y se pueden reutilizar para el riego.

Los siguientes pasos son la clasificación y el secado de los granos, que deben quedar con un nivel de humedad entre 10 y 12%. Se empaquetan en sacos y se transportan en mulas hasta los centros de acopio de la Red.

—La velocidad de este proceso depende de la cantidad de obreros disponibles para la cosecha. Y el mototaxismo como forma de trabajo atenta contra la producción agrícola, pues los muchachos prefieren esa actividad informal antes que el trabajo en el campo —dice Armando.

El productor también se queja de que no hay generaciones de relevo y en el país no se está formando el capital humano que se requiere para garantizar técnicos y profesionales que le metan el corazón al agro.

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Comercio y progreso

Mildred Niebles es hija de uno de los 22 campesinos fundadores de la Red. Es capataz de su finca, asociada y jefe de calidad de Ecolsierra. Recuerda que cuando era adolescente su familia fue desplazada por la violencia, en la época en la que obligaban a los campesinos a sembrar cultivos ilícitos. Entonces les tocó irse a la ciudad, donde Mildred y su madre vendieron frutas y empanadas para sobrevivir. Años más tarde recuperaron la tierra, y regresaron a sembrar café. Pero su madre murió cuando ella tenía 22 años, y como su hermano “no le tuvo amor al campo”, ella asumió junto a su padre las riendas del negocio familiar.

Hace 16 años murió su padre y ella se convirtió en miembro de la Federación Nacional de Cafeteros, se registró como asociada de la Red y en dos años ya era delegada de grupo. En 2005 le asignaron la responsabilidad de ser agente de compras. Pero una intervención quirúrgica la alejó de la actividad gremial unas semanas y estuvo imposibilitada de siquiera revisar sus propias cosechas durante dos años. Al recuperarse, volvió al trabajo administrativo en la Red y se convirtió en jefe de calidad. Ahora, por sus manos pasan los 1,8 millones de kilos de café que vende la Red en cada cosecha.

—Nunca he dicho a algo que no se puede. Todo lo que tengo se lo debo a Dios, que me da la voluntad, la sabiduría y la salud, y a la Red que me ha dado todas las oportunidades. Hay gente que se retiró en el camino, no pensaron que fuera posible llegar a donde estamos, y aquí estamos —dice Mildred con una sonrisa grande.

En la finca de Mildred se producen cada año cerca de ocho mil kilos de café orgánico y 300 litros de miel pura. Ella es madre soltera, y con este ingreso, los programas sociales que implementa la Red, las primas de educación e infraestructura, los créditos de la banca y su sueldo, ha sacado adelante a su hija mayor, que ahora tiene 29 años y es ingeniera ambiental; a su hija del medio, que a sus 25 años es ingeniera industrial, y al menor, un varón que ahora está por los 21 años. Gracias al empeño de Mildred y a las facilidades que les brinda la Red, los tres viven en su casa propia en Santa Marta, junto con dos nietos que le alegran el alma.

—Después del acopio de los granos en los centros de la Red viene la fase de trillado y tostado de los granos, que se hace en las bodegas que tenemos en el Parque Logístico Industrial. Yo me encargo de catar todo el producto para certificar que sea un café que cumpla con las exigencias de nuestros mercados. Luego se empaca y se distribuye a los puntos de disposición final, o se lleva al puerto para exportar.

"Nunca he dicho a algo que no se puede. Hay gente que se retiró en el camino, no pensaron que fuera posible llegar a donde estamos, y aquí estamos".

El director de la Red Ecolsierra apunta que ser partícipe del desarrollo de la organización se asemeja a ser padre de un adolescente: “siempre quieres verlo mejor”. Por eso, constantemente están en la búsqueda de nuevas formas para mejorar la productividad, la rentabilidad, la eficiencia en los procesos y el bienestar de los asociados.

—La gente entendió que para ser sostenible hay que organizarse y que para ser cada vez más eficientes hay que planificar. Sobre esos conceptos se sostiene la Red. Ya vamos por nuestro tercer plan estratégico (2017-2021), en el que tenemos a la familia como centro de todas las acciones, porque asumimos que mejorar las condiciones de los campesinos y su entorno inmediato es la razón de ser de todo lo que hacemos —cuenta Víctor Cordero.

A la mesa donde estamos conversando llega una taza humeante de café con aroma pronunciado. El líquido oscuro evoca momentos, paisajes, compañías, conversaciones. El café de la Sierra Nevada sabe a frutos secos y a chocolate, y el de las fincas de don Armando y doña Mildred además sabe a cortesía y bienestar.

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