Vivir más y mejor

Por: / Julio 2017

 

Las enfermedades crónicas no transmisibles causan tres cuartas partes de las muertes en Colombia. Y los factores de riesgo se reducen drásticamente con unos cambios simples de estilo de vida. Un repaso a las cifras.

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Tres cuartas partes de las personas que mueren en Colombia son víctimas de enfermedades crónicas no transmisibles. La mayor incidencia de casos se debe a afecciones relacionadas con el sistema circulatorio, las neumo­patías y los cánceres, en ese orden. Y, aunque parezca mentira, los factores de riesgo que potencian la aparición de estas enfer­medades podrían minimizarse si cambiamos apenas un poco nuestros hábitos de vida. Así de simple.

Durante el primer semestre de 2017 murieron en Colombia 98.546 personas. Menos del 15% de esas muertes se produjo por accidentes de tránsito, otro 12% por hechos violentos, y el resto por enfermedades, de acuerdo con las Estadísticas Vitales del DANE.

El análisis más reciente del Ministerio de Salud y Protección Social sobre la situación de salud en Colombia demuestra que las enfermedades isquémicas del corazón representan la causa de muerte de la mitad de personas que tuvieron algún compro­miso de su sistema circulatorio; una cuarta parte padecieron enfermedades cerebrovasculares, y cerca del 10% fallecieron por complicaciones derivadas de la presión arterial. Todos estos casos se cuentan dentro de la primera razón de fallecimientos por enfermedad en Colombia: las afecciones relacionadas con el sistema circulatorio.

El segundo lugar, en orden de incidencia, se relaciona con afecciones respiratorias graves, diabetes, anemias nutricionales y cirrosis hepática. El informe apunta que por estos problemas muere el 25% de los pacientes que tiene alguna enfermedad cró­nica no transmisible.

El cáncer representa la tercera causa de muerte más fre­cuente en el país. Entre 2005 y 2014, los más comunes fueron los tumores malignos de los órganos digestivos, peritoneo, estó­mago, próstata, tráquea, bronquios y pulmón.

La Organización Mundial de la Salud refiere que esas mismas enfermedades con alta incidencia en Colombia son las que están matando a la gente en el mundo entero, si esto se mantiene, en 2030 la primera causa de muerte en el mundo será el cáncer. A la vez, las instituciones con mayor credibilidad en materia de salud convergen en que entre un 30 y un 80% de esa incidencia podría revertirse si la gente se alimentara sanamente, dejara de consu­mir tabaco y realizara alguna actividad física con regularidad.

Marta Lucía Ospina, directora del Instituto Nacional de Sa­lud, explica que entre 1990 y 2014 han aumentado en un 30% las muertes por accidentes cerebrovasculares y ataques al co­razón en Colombia, pero en el mismo período el incremento de los fallecimientos por cáncer ha sido de 36%. De ahí que posi­blemente esta enfermedad sea la primera causa de muerte en el país dentro de una década y media, a menos que cada uno de nosotros haga algo por disminuir los factores que incrementan la probabilidad de desarrollarlo.

—Las soluciones no están en las entidades de salud, porque el campo de acción de las entidades sanitarias es tardío y la pre­vención institucional, insuficiente. Se trata de cambiar el estilo de vida y consumir los alimentos que más le aportan al organismo. Entonces, el problema tampoco es exclusivamente cultural. Se necesita un país que garantice el acceso a la alimentación saluda­ble, privilegie la actividad física y controle efectivamente el consu­mo de tabaco. Por ahí podríamos comenzar —sentencia Ospina.

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La directora del INS usa un ejemplo muy gráfico para ha­blar de prevención. Dice que se ha demostrado que la acciden­talidad vial disminuye cerca de un 17% si se realizan talleres, charlas y programas de educación dentro de la ciudadanía. En cambio, disminuye cerca del 70% si se recurre a normas y san­ciones punitivas que obligan al conductor y al peatón a ser más responsables en las vías. Eso indica que la recomendación y la prevención son buenas, pero insuficientes para lograr cambios radicales. Completa la idea diciendo que en Colombia hacen fal­ta más impuestos y multas para alimentos dañinos, alcohol y tabaco, y por otra parte, subsidios para verduras, hortalizas y frutas, a la par de las campañas de concientización.

Ejercitarse también es una forma de evitar alguna de esas enfermedades que lideran las estadísticas de muerte en Colom­bia y el mundo.

—Me preocupa que apenas el 26% de los niños en edad es­colar practique algún deporte, y eso es lo que los va a cuidar de contraer alguna enfermedad crónica —reitera Ospina—. Solo el 46% de los colombianos en edad productiva realiza una activi­dad física mínima recomendada para su edad. Combinar el se­dentarismo con el alto consumo de bebidas azucaradas, pocas frutas y verduras, más el cigarrillo, nos hace muy vulnerables —concluye.

José Medardo Rozo, cardiólogo adscrito de Colsanitas, dice que para reducir los riesgos de sufrir un accidente cardiovascular o cerebrovascular es determinante el estilo de vida, pero es nece­sario sumar a los hábitos saludables el control médico temprano y la disciplina en el consumo de la medicación recomendada.

—La primera causa de muerte entre las enfermedades del sistema vascular es el infarto. Y una de las razones por las que se produce es por no controlar la hipertensión. Pero la gente se descuida porque está asintomática, aunque sabe que padece la enfermedad. O, simplemente, no se chequea la presión arterial con frecuencia y desconoce el riesgo que tiene de sufrir un ata­que cardíaco —advierte el doctor Rozo.

La recomendación del especialista es que si se sabe que existe algún antecedente familiar de eventos vasculares hay que vigilar la presión arterial y el colesterol desde los 18 años de edad. Y aun sin precedentes familiares, hay que chequear el corazón cada cinco años a partir de los 35 años de edad, tanto hombres como mujeres. Además, si ya sabe que está enfermo, entonces hay que cumplir las indicaciones dadas por el especialista, referidas a dieta y medicamentos.

Registros y etiquetas

Es el DANE la institución encargada de compilar las estadísti­cas que registran las distintas instituciones de salud en el país. Y esos datos son los que sirven de referencia para la toma de decisiones en materia de políticas públicas de salud. Pero todo el andamiaje tiene como base la responsabilidad del médico que diligencia los certificados de defunción. Y ahí hay fallas.

Hugo Sánchez es médico general e investigador de la Uni­versidad del Magdalena, y reconoce que en las universidades colombianas no se forma a los médicos en materia de notifica­ción de enfermedades, aun cuando es a partir del reporte de las causas de muerte de los pacientes, y del control epidemiológico en cada región, que se pueden ejecutar acciones que apunten a reducir esas tasas de mortalidad. Si no se hace, el subregistro es muy alto y se planifica sobre números que no reflejan la realidad.

Pero además, Sánchez hace una reflexión pertinente:

—Las enfermedades no transmisibles, que ocupan los prime­ros lugares de causas de muerte, son de origen multifactorial. En ellas incide la genética, la edad, el medio ambiente y los hábitos de la persona. Los dos primeros son inmodificables, es difícil controlar la exposición a elementos contaminantes del ambiente. Pero podemos decidir qué comer, cuánto alcohol consumir, pode­mos decidir no fumar y hacer ejercicio al menos tres veces a la se­mana. ¿Qué estamos esperando? —pregunta a modo de reflexión.

Por eso, el médico investigador sugiere que en cada familia se haga un esfuerzo por invertir en bienestar. Se refiere, especí­ficamente, a revisar lo que contienen los productos que consu­mimos, para darle al cuerpo “más de lo que necesita y menos de lo que lo agrede”. Hay que revisar las etiquetas de los alimentos, informarnos mejor, para saber con propiedad qué estamos lle­vando a la mesa de nuestros hogares.

A modo de conclusión, los expertos consultados coinciden en llamar la atención de los ciudadanos en materia de salud, en el sentido de hacer lo que está al alcance de cada uno para redu­cir las posibilidades de desarrollar alguna enfermedad calami­tosa que nos reste calidad de vida o años de existencia.

 

 

*Periodista, profesora universitaria e investigadora. Es colaboradora permanente de Bienestar Colsanitas.

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