Sergio Higuita: "La necesidad me llenó de ambición"

Por: / Fotografía: Fabio Cuttica / Agosto 2020

El joven corredor de Medellín, campeón nacional y ganador del Tour Colombia, es la nueva promesa del ciclismo nacional. A sus 23 años, ya tiene varios triunfos.

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 mayor altura, menor presión atmosférica. Y a menor presión, más cuesta llevar aire a los pulmones. Esta dificultad relativa ha sido durante décadas una ventaja para los ciclistas colombianos, nacidos en las montañas andinas por encima de los 2.500 metros sobre el nivel del mar, y acostumbrados a pedalear bajo cierta escasez de oxígeno.

En Europa, donde las alturas son menores, los “escarabajos” se aprovechan de esta condición para someter a sus adversarios locales. Cuando corren en Colombia, simplemente se mueven con comodidad en su ambiente natural.

Esta fue la situación en febrero de 2020, cuando decenas de ciclistas de distintos países escalaban entre jadeos El Verjón, un páramo ubicado a 3.300 metros detrás de los Cerros Orientales de Bogotá. Un domingo soleado, sólido a la cabeza del pelotón, Sergio Higuita dominó a sus colegas mientras pedaleaba hacia la meta del Tour Colombia, la carrera ciclista más importante del país.

Sergio Higuita ciclista colombiano

Higuita nació en Medellín el 1 de agosto de 1997. Hijo de un cerrajero y una ama de casa, el ciclista fue formado por los Saldarriaga, Fernando y su hijo Luis Fernando, entrenadores antioqueños que han pulido a varios talentos locales como Nairo Quintana y Esteban Chaves. Se formó en un club juvenil llamado Nueva Generación, y más tarde corrió en el desaparecido equipo Manzana Postobón. Ahora, junto a Rigoberto Urán, compite para el Education First, uno de los principales equipos del World Tour, la primera categoría del ciclismo profesional.

Sergio Higuita ha logrado victorias en Europa y América, pero dos momentos de su carrera deportiva sobresalen: su victoria en la etapa 18 de la Vuelta a España en 2019, y el primer puesto en el Tour Colombia, una prueba que intenta recuperar la gloria perdida de la antigua Vuelta a Colombia. Higuita, dueño de una ambición que apenas le cabe en su cuerpo diminuto, dice sin pudor cuál es el tamaño de sus anhelos: “Quiero ser una leyenda del ciclismo mundial”.

¿Qué cambios les trajo a los ciclistas entrenar durante la pandemia?

A inicios de año usamos mucho el simulador, y tuvimos que cambiar varias cosas en los entrenamientos. Fue algo diferente. A mí no me desagradó pasar tiempo en casa, pero sí hace falta salir y disfrutar la libertad que da la bicicleta. Nosotros salimos y nos sentimos libres; subir, bajar, sentir el viento en la cara, el dolor de piernas; todo. En el simulador, frente a una pantalla, es un trabajo diferente, más visual. Yo asumía que estaba jugando, porque estas aplicaciones virtuales parecen un juego.

¿Alcanzó a correr una carrera sin público antes de la cuarentena?

Sí, la París-Niza. Y fue raro. La situación cambia dependiendo de la carrera. Si vas a una competencia pequeña, no ves ni una persona en la calle. Pero en las grandes vueltas como el Tour de Francia siempre hay una gran cantidad de personas allí animándote. Hay pasión, fiesta. Pero a esto nos debemos adaptar, salvar la temporada y que la gente disfrute el ciclismo desde su casa, cuidándose.

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"Esa es la historia de muchos ciclistas en Colombia: nos ha tocado difícil siempre. Por eso mostramos coraje y ambición".

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Usted se crió en Castilla, en Medellín, donde creció también René Higuita. ¿Cómo fue vivir en un barrio más futbolero que ciclista?

Normal. Yo de pequeño practiqué varios deportes: microfútbol, patinaje, natación. Toda mi vida estuve siempre muy marcado por el deporte. Hasta que me fui decidiendo por el ciclismo, que también practiqué desde muy pequeño. A los cinco años empecé con las carreras. En mi barrio a los niños también les gustaba mucho montar bicicleta. Casi todas las tardes salía un grupo grande a pedalear por mi cuadra.

¿Por qué eligió el ciclismo por encima de otros deportes?

Cuestión de gusto. Me encantaba montar y alcanzar velocidad. Yo veía que tenía resistencia, más que los otros niños. Cuando montábamos les ganaba. Entonces me fue gustando la bicicleta por eso, porque me rendía.

Y hoy, ¿cómo es su rutina?

Me levanto a las 7:00 de la mañana. Lo primero que hago es tender mi cama, organizar la casa y hacer el desayuno. A las 10:00 empiezo con un entrenamiento duro: seis, siete horas sobre la bici. Regreso más o menos a las 5:00 a descansar y cenar. Me duermo a las 9:30 o 10:30. Voy haciendo las cosas dependiendo de lo que me pida el cuerpo.

¿Cuántos kilómetros recorre por semana?

En una semana dura, mil kilómetros es el promedio. Unos 35 mil al año.

¿Cuántas calorías puede gastar en un día de entrenamiento?

Unas cinco mil, en un día de trabajo duro.

Una vez le prometió a su mamá que llegaría en bicicleta a París.

Sí. Bueno, ya llegué a París, porque una vez fui a Francia. Y le dije: “Mamá, ya llegué a París”, y no es París el barrio que queda al lado de Castilla, en Medellín. Ella me dijo que los sueños se hacen realidad si uno trabaja. Entonces cuando yo llegué a la Torre Eiffel, le mandé la foto y le dije: “Mamá, llegué a París”. Pero lo que realmente quiero es llegar corriendo el Tour, entrar a los Campos Elíseos en bicicleta. Es un sueño bonito y esperemos que con la ayuda de Dios salgan bien las cosas.

¿Tiene presente lo que deben enfrentar quienes vienen detrás?

Sí, claro. Aún sigo cerca del club Nueva Generación, donde yo me formé. Veo a los pelaos y me gusta apoyarlos cuando puedo, porque ahora el tiempo es muy limitado por la preparación que tengo. Pero voy, los visito y veo que están pasando por el mismo proceso que yo tuve. Los aconsejo. Les llevo la motivación para que sigan, para que nunca paren. Muchos a veces no se ven en un futuro, y uno les cuenta que también pasó por situaciones difíciles. A mí también me dijeron que los momentos difíciles iban a pasar, y que yo podía ser uno de los mejores ciclistas de Colombia.

Sergio "El Monstruo" HiguitaEl león es su sello, obedece a su apodo: “El Monstruo”. También identifica a su marca de accesorios para ciclistas.

¿Quiénes le decían eso?

Efraín Domínguez, que fue un ciclista de pista muy importante en Colombia. Él fue mi primer profesor. Y los Saldarriaga: Fernando, el papá, y Luis Fernando, el hijo. Ellos me llevaron en todo el proceso sin desesperarme, porque en ese tiempo, cuando yo tenía 11 o 12 años, los preparadores físicos nos exigían demasiado. Eso podía tener complicaciones en un futuro, como aburrirme de la bici, o un desgarramiento físico. Ellos me mantenían en calma, me decían que más adelante se darían bien las cosas.

Tuve esa guía importante para no equivocarme. También mis padres ayudaron, porque hubo momentos en que no teníamos para los repuestos, solo para las necesidades básicas. Mi papá siempre trabajó duro, era cerrajero en una empresa. Hoy en día uno agradece todo eso que hicieron ellos para sacarnos adelante a mi hermana y a mí.

El ciclismo exige mucho sacrificio y determinación. ¿Le ayudó haber crecido con dificultades, acostumbrado al esfuerzo?

La verdad, sí. El ciclismo es un deporte muy duro, que no tiene censura. Es un deporte crudo. A veces te preparas bien, lo tienes todo, pero la mala suerte de una caída te acaba. Entonces creo que mi experiencia me ha servido para aprovechar las cosas con más madurez y entender que los logros no son fáciles. Toca luchar y luchar, hasta que se den las cosas. Pero esa es la historia de muchos ciclistas en Colombia: nos ha tocado difícil siempre. Por eso mostramos coraje y ambición.

¿Cómo trabaja la cabeza?

Con eso se nace, pero también se puede entrenar. Influye también cómo le toque a uno afrontar la vida. A algunos nos toca más difícil, a otros más fácil. A mí me tocaba luchar más porque no vivía en altura. Yo siempre estuve corajeando más. No era de los que llegaba y ganaba fácilmente.

En la última etapa de la Ronda l’Isard de 2016, junto a James Knox, usted cometió un error. En la última etapa iban escapados, se desorientaron y cruzaron por donde no tocaba. ¿Cómo se asimila una falla así?

La verdad yo quedé muy feliz con mi actuación. Era mi primer año en Europa. Primera vez que llegaba y tenía grandes resultados. Yo fui un buen apoyo para mi equipo, el director me felicitó y eso fue importante para mí, porque pude seguir trabajando más motivado.

¿Qué implica empezar a construir carrera en un gremio donde ya hay ganadores de las tres grandes vueltas, como Nairo, Rigo o Egan?

El pelotón ha cambiado; ahora hay más igualdad. Si llega un chico joven como Egan y está mejor que otros en su equipo, va y gana el Tour de Francia. Antes no podías hacer eso, porque había una jerarquía. Si eras joven y no habías ganado, debías estar a rueda. Tenías que pedir permiso para atacar. Ahora hay más libertad, más igualdad. Eso nos beneficia a los jóvenes y a todos. El pelotón ha cambiado mucho.

¿Qué ventajas tiene contar con Rigoberto Urán en el equipo Education First?

He aprendido mucho de él, la ambición que tiene de hacer las cosas bien, la madurez. Rigo ha pasado momentos muy difíciles y sigue ahí, perseverando. Lo hace por la pasión, por querer mejorar. No ha perdido la ambición que ha tenido desde niño. Uno aprende de su profesionalismo, a ser responsable, a trabajar. Rigo es un zorro viejo, tiene mucha experiencia y eso me beneficia.

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"Si eras joven y no habías ganado, debías estar a rueda. Tenías que pedir permiso para atacar. Ahora hay más igualdad".

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Los ciclistas colombianos cada vez llegan más jóvenes a Europa. ¿Eso les da una fortaleza, una ventaja adicional, o actúa en su contra?

Depende de cómo los vayan a tener allá. Todos queremos llegar al ciclismo europeo, y entre más jóvenes aprendan ese ciclismo, más rápido se van a adaptar. Pero la idea es llevarlos en condiciones adecuadas que respondan a un proceso, no que viajen a pasar necesidades o tristezas. Si se hace bien, es una ventaja para Colombia, porque los chicos aprenden más rápido.

¿Prefiere correr carreras cortas, las llamadas clásicas, o las grandes vueltas? ¿Qué diferencia hay entre unas y otras además de la duración?

Me gustan las carreras breves pero también me gustan las grandes vueltas, las carreras por etapas. Me gusta correr todas; soy un hombre versátil. La diferencia entre ambas está sobre todo en la preparación. Para una carrera corta debes ser mucho más explosivo y mostrar una potencia importante desde el comienzo. En una vuelta de tres semanas necesitas mucha más resistencia y menos velocidad. Debes aprovechar el trabajo de las fibras de resistencia al tope.

El ciclista Wilmar Paredes, excompañero suyo en el equipo 4-72, el año pasado dio positivo por dopaje. Ese caso y otro acabaron con el equipo Postobón, que fue también su equipo. ¿Cuál es su posición frente al problema del dopaje en Colombia?

La tecnología que manejan los laboratorios hoy es alta, y nosotros sabemos que estamos expuestos. No tenemos vida privada. Los del laboratorio pueden llegar ahora mismo, y tengo que atenderlos de inmediato. Hoy en día es casi imposible engañar y creerse más listo que esta gente que lo regula a uno con 20 o 30 controles al año. El dopaje por salud no se debe hacer, y deportivamente tampoco.

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La cifra
5.000 calorías puede gastar el ciclista en un día de entrenamiento duro.

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¿Por qué Colombia es tan ciclista?

Primero por la geografía. La gente en Boyacá, por ejemplo, nace con un tanque de oxígeno listo para salir y pedalear. A esa altura, por naturaleza, crecen con una resistencia alta. Acá en Colombia si quieres subir un puerto de 80 kilómetros de largo, lo tienes en el Alto de Letras. Creo que también influyen las ganas de salir adelante, los sueños. Cuando te esfuerzas y ves que vas logrando cosas, aunque te cueste, eso te va llenando mucho. Casi todos los ciclistas buenos de Colombia empezaron con bicicletas malas, y desde ahí fueron mejorando. Ese proceso lo llena a uno de ambición. La necesidad, el reto.

¿Qué carreras piensa correr en el futuro cercano?

Me gustan varias: el Giro de Italia, la Vuelta a España, el Tour de Francia, la Vuelta al País Vasco, la París-Niza, la Vuelta a Cataluña.

¿Cuáles son sus ídolos?

Joaquim “Purito” Rodríguez, Alejandro Valverde, Esteban Chaves, Nairo, Rigo.

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En una semana dura, Higuita puede recorrer mil kilómetros. Unos 35 mil al año.

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Con Valverde pudo correr...

Sí, me pareció increíble. Hace unos años tuve la oportunidad de correr con él en España. Él había ganado el Campeonato del Mundo, y llevaba el uniforme del arcoiris que es impresionante. Una vez, en una clásica en Palma de Mayorca, yo iba a quedar tercero, pero Valverde me atacó y me reventó. Faltando 500 metros me alcanzó y me dijo: “¡Vamos, chaval!”, y se fue. Él sabía que era mi ídolo. Quedó tercero y yo cuarto. Qué clase la que tiene, qué ambición grandísima. Tiene 40 años, es un veterano y sigue corriendo.

Y usted, ¿hasta cuándo va a pedalear?

Hasta que me muera. No me imagino sin la bicicleta. Esto se convierte en un hábito, en la vida de uno.

Sergio, ¿qué es para usted el bienestar?

El bienestar es estar bien, tener paz, que tu cuerpo esté bien, no enfermarte. Bienestar es luchar por tus sueños, porque tú mismo te nutres. Tú mismo construyes tu futuro.

Sergio Higuita

Un aventón decisivo

Una mañana en Medellín, Sergio Higuita y su padre, Leonardo, buscaban transporte para ir a una carrera infantil en el pueblo de La Ceja cuando se detuvo en un carro Fernando Saldarriaga, dueño del club juvenil Nueva Generación. Saldarriaga no tenía espacio para llevarlos, pero ofreció cargar la bicicleta para que viajaran más cómodos en la próxima buseta.

El episodio sirvió para un doble propósito: Saldarriaga reclutó luego a Sergio en su club, y Leonardo Higuita entendió que el transporte era un asunto decisivo. De modo que usó sus herramientas de cerrajería y fabricó un soporte para llevar la bicicleta a las competencias apoyada sobre su pequeña moto.

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