Poner límites a la tecnología para evitar la ansiedad

Por: / Ilustración: María José Porras / Julio 2021

La tecnología es una herramienta que ha mejorado la calidad de vida. Sin embargo, hay un límite invisible donde todas sus bondades empiezan a jugar en contra.

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n la actualidad son pocas las horas que podemos pasar alejados de una pantalla, más que nunca toda nuestra vida gira alrededor de la tecnología, porque nos ha ayudado a la resolución de problemas y al mejoramiento de muchos aspectos de la vida durante la pandemia. La posibilidad de contactarnos con personas en cualquier parte del mundo en segundos, el acceso a una base de datos ilimitada que nos responda cualquier duda, la telemedicina o la oportunidad de seguir trabajando y estudiando desde casa son el resultado de los avances tecnológicos que podemos disfrutar. 

Pero la tecnología también está directamente relacionada con el incremento de distintos trastornos que afectan la salud mental, especialmente con los trastornos de ansiedad (TDA). Según Ana Millán, psiquiatra adscrita a Colsanitas, esto se debe a distintas razones: el exceso de uso de los dispositivos electrónicos, el sedentarismo, la disminución del relacionamiento social, la falta de tiempo para el ocio no virtual, la hiperactividad de los estímulos visuales y la comparación que solemos hacer con lo que vemos en las redes sociales.

La ansiedad es una reacción normal del cuerpo ante estímulos amenazantes. Todos sentimos ansiedad en algún momento, en mayor o menor medida, ante situaciones y estímulos de la vida diaria, sean estos positivos o negativos. Los trastornos de ansiedad se diagnostican cuando esas reacciones se desencadenan sin estímulo y de manera repetitiva, hasta el punto de alterar la calidad de vida de la persona. 

Los trastornos de ansiedad pueden desencadenarse en cualquier momento sin importar la edad, el género o la raza y suelen tener cómo origen un historial familiar-genético o factores como la pérdida de un familiar, la separación o algún evento traumático. La tecnología, sin embargo, puede no ser el origen de los trastornos de ansiedad, pero sí uno de sus detonantes. “No todo el mundo que está en contacto con la tecnología tiene trastorno de ansiedad, pero sí puede ser un detonante para personas susceptibles a esta condición”, asegura la doctora Millán.

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La tecnología también está directamente relacionada con el incremento de distintos trastornos que afectan la salud mental, especialmente con los trastornos de ansiedad (TDA).

Tipos de trastornos de ansiedad y su relación con la tecnología 

Trastorno de ansiedad generalizado. Se caracteriza por una ansiedad y preocupación persistente y excesiva sobre situaciones cotidianas y suele ser el más común. Las redes sociales y el internet  generan un exceso de información al que estamos expuestos constantemente y que está directamente relacionado con este y otros trastornos. La información no filtrada o nociva que genera preocupaciones y la pérdida de interés para desarrollar otras habilidades fuera de la red, producen un desbalance que puede desencadenar reacciones negativas en la salud mental. 

Un ejemplo son las notificaciones. En algunas personas, éstas pueden causar reacciones físicas como: acelerar el pulso, generar tensión en los músculos y dar la sensación de manos sudorosas. En resumen, generar un estado de alerta en el que el cuerpo segrega cortisol, también conocida como la hormona del estrés. 

Otro síntoma común del trastorno de ansiedad generalizado es la dificultad para conciliar el sueño, y que se puede llegar a agudizarse por el uso de los dispositivos electrónicos. Según Leonardo Palacios, neurólogo adscrito a Colsanitas y profesor de neurología de la Universidad del Rosario, la pantalla de celulares, portátiles y tablets, emite luz LED que inhibe la producción de melatonina, hormona indispensable para conciliar el sueño. “Cuando hay oscuridad empieza a producirse la melatonina, pero los dispositivos electrónicos bloquean este proceso, lo que altera el ritmo circadiano y los patrones de sueño”.

Trastornos fóbicos. Se manifiestan como un temor irracional a objetos o situaciones y resulta incapacitante. Durante la pandemia, salir a la calle y otras actividades fuera de la virtualidad  hizo que muchas personas desarrollaran fobia a salir de casa, la que se ha llamado síndrome de la cabaña.

Otra fobia que se ha estudiado es la nomofobia, el miedo irracional a pasar periodos de tiempo sin el celular. Provoca un sentimiento de aislamiento o desconexión del resto del mundo. Una angustia similar a la que se siente cuando el celular se queda sin batería mientras estamos en la calle.

La nomofobia está directamente relacionada con las ciberadicciones. Según el doctor Palacios, un ciberadicto es una persona que no tiene la capacidad de desconectarse de la red ni siquiera para cumplir con sus necesidades básicas y pueden llegar a pasar 20 horas al día frente a una pantalla. “Dejan de dormir, de comer, cargan su cerebro de todas las sustancias químicas negativas que pueden generarse por una exposición excesiva a la pantalla”, afirma. 

Ansiedad social. Es el miedo a relacionarse con otras personas o el miedo a verse públicamente avergonzado. Las redes sociales, en general, nos conectan con amigos y nos facilita conocer personas, aunque nos alejan de las interacciones personales. También pueden afectar la autoestima, ya que propicia la comparación entre pares o compañeros. 

Cinco recomendaciones para encontrar el equilibrio

La tecnología no se debe satanizar, haciendo buen uso de ella es una herramienta extraordinaria. La clave está en encontrar el equilibro.  

1. Poner límites de tiempo. Es clave balancear el tiempo que dedicamos a las actividades virtuales. Hacer pausas activas permite que los ojos descansen de la Luz LED. 

2. Ser críticos del buen uso. Cómo la doctora Millán afirma, a la tecnología le debemos mucho. Sin embargo debemos discernir entre qué nos aporta y lo que simplemente es contenido basura. La clave está en poner la tecnología al servicio del desarrollo individual. 

3. Buscar el ocio no virtual. El ocio no debe reducirse a ir de una pantalla a la otra. Debemos encontrar actividades que nos entretengan y generen estímulos diferentes fuera de la virtualidad.

4. Relacionarse en la vida real. Es necesario interactuar con otros en persona: hablar,  abrazarse, compartir alguna actividad.

5. Ponerle atención a la salud mental. La salud mental debe ser una prioridad. Estar atento a las señales de que algo anda mal y buscar ayuda profesional en caso de ser necesario. 

 

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