La ciencia nos muestra el camino a la felicidad

Por: / Ilustración: Jorge Tukan / Noviembre 2020

 

Universidades muy reconocidas del continente le apuestan a la enseñanza de estrategias para sentirse más a gusto con uno mismo. Aquí precisamos algunas de ellas.

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ientíficos y académicos demuestran que la mayoría de las personas persiguen el bienestar pero se “auto sabotean” para conseguirlo. La tesis que defiende esta teoría de la psicología positiva es que tenemos ideas erróneas sobre lo que nos provee felicidad, pero si nos hacemos conscientes de ello podemos implementar comportamientos simples que verdaderamente nos aproximen al sentimiento de plenitud y autorrealización que deseamos.

Laurie Santos es profesora de psicología de la Universidad de Yale, en New Haven,  Estados Unidos. Su curso The science of well being (La ciencia de la felicidad) se ha convertido en el más popular de Yale, en sus más de 300 años de historia. Y en Coursera, una reconocida plataforma de educación virtual creada por la Universidad de Stanford, más de dos millones de personas se han apuntado al curso que en estos tiempos se puede hacer de forma gratuita, sin certificación.

Durante 10 semanas, Santos comparte conocimientos que los investigadores han demostrado a través de métodos científicos, en disciplinas como la psicología, la sociología, el mercadeo, la economía, la neurociencia, la genética, la administración y la política. E invita a los participantes a establecer metas para un “recableado” que permita hacer una reprogramación de las expectativas y las intenciones que los conducirán hacia el camino del bienestar.

“Contrario a lo que hemos aprendido, las cosas materiales, el cuerpo perfecto, las mejores calificaciones del curso y un cargo en la empresa más importante de tu ciudad no te hará más feliz. Probablemente serán circunstancias que sólo te harán sentir satisfecho de manera efímera. Por eso lo primero que tenemos que hacer es reevaluar nuestras metas para identificar situaciones que te provean esa sensación de plenitud por más tiempo”, dice la catedrática de Yale.

Santos, en su curso, hace énfasis en el poder de la gratitud,  en el sentido de que las personas que aprecian lo que tienen reportan amplios beneficios emocionales, más resistencia a las dificultades del entorno, mejor salud física y mayor empatía. “Vuelve atrás constantemente para darte cuenta de lo que has logrado y lo que has recibido. Mírate a ti mismo desde lejos y reconoce esas pequeñas o grandes conquistas que te hacen ser una persona afortunada”, dice Santos.

La ciencia de la felicidad

La profesora estadounidense también deja en evidencia, a través de investigaciones de colegas suyos, que invertir en experiencias personales causa mayor bienestar que gastar el dinero en objetos y que destinar dinero en ganar tiempo libre es una buena estrategia para sentirnos mejor. Igualmente dice que dedicar tiempo, esfuerzo y presupuesto en generar un beneficio en los demás, a través de actos de bondad, también redunda en una felicidad más duradera que si ese tiempo y ese dinero lo usamos en beneficio propio. Lo resume en tres mandatos: compra experiencia, compra tiempo libre e invierte en los demás.

“La  ciencia nos demuestra que las personas que hacen varios actos seguidos de bondad multiplican exponencialmente su sensación de bienestar. Hacer actos altruistas es altamente satisfactorio, más aún si tenemos la posibilidad de ver el efecto de ese acto de solidaridad que tenemos con el otro”, enfatiza la profesora Santos.

Otra recomendación del curso La ciencia del bienestar se refiere a la conveniencia de socializar, pasar tiempo con gente que nos importa, establecer vínculos familiares y afectivos fuertes: “Las personas más felices tienen un conjunto más rico de conexiones sociales, son menos adictas a las redes sociales virtuales y pasan más tiempo con los demás”, dice la docente.

Santos también advierte que con frecuencia nos comparamos con referentes erróneos, que lejos de proveernos energía y motivación, nos desgastan y nos aplastan. Entonces el consejo es que recurramos más al mundo real que al virtual, porque en este último se nos presenta una realidad distorsionada en la que nos es más difícil encontrar un lugar.

Prácticas saludables

Desde 2013 al menos diez reconocidas instituciones de educación superior colombianas han incluido en su oferta académica cátedras que prometen mostrar el camino de la felicidad, tal como lo hacen los cursos en las universidades de los Estados Unidos y Europa desde comienzo de siglo. Y en época reciente, también hay experiencias de colegios que le apuestan a espacios para promover este tipo de aprendizaje.

El neurólogo adscrito a Colsanitas, Leonardo Palacios, fundó el grupo de investigación de neurociencia y humanidades de la Universidad del Rosario, y creó la cátedra de la felicidad que se imparte desde 2015 en las tres sedes de esa universidad en Bogotá. En una conferencia dictada el septiembre de 2020, el científico asegura que lo que requerimos los seres humanos para ser más felices es aplicar estrategias de alivio emocional, tener cubiertas unas condiciones mínimas de calidad de vida y  soportar una carga laboral manejable.

“Estoy convencido de que se puede educar al mundo para la felicidad, a partir de moldear nuestros comportamientos de forma intencional en favor de eso. Entonces, mis recomendaciones para lograrlo son: cuidémonos los unos a los otros, llevemos una vida con prácticas saludables, en alimentación, sin vicios, con ejercicio físico y suficientes horas de sueño, identifiquemos nuestras fortalezas y saquémosle provecho. Tomemos siempre desayuno, llevemos una dieta balanceada, zapatos cómodos, escuchemos música, descubramos qué tipo de lectura nos genera interés y seamos amables con los demás”, dice Palacios a través de una llamada telefónica.

Hábitos para llevar una vida más feliz

El neurólogo cuenta que desde 2005 se ha hecho mucha investigación científica para encontrar rutas más cortas de conseguir el bienestar, a través de mecanismos que están al alcance de todos. Y es cierto que se necesitan unas condiciones mínimas de calidad de vida para experimentar esa sensación de contentura con lo que somos y tenemos, pero eso no significa que haya una relación proporcional entre lo que tenemos y lo felices que somos.

“En la academia no enseñamos a la gente a ser feliz, pero le mostramos el camino para encontrar ese estado de bienestar, a partir de lo que se ha estudiado y comprobado en el mundo. Me consta que en esas cátedras los muchachos salen fortalecidos porque se reflexiona sobre emociones positivas, el optimismo, la compasión y la amabilidad. Y, a fin de cuentas,  los ayudamos a ser más efectivos en el establecimiento de metas que les puedan proveer felicidad”, explica con convencimiento Leonardo Palacios.

Ocho rutas hacia el bienestar

El neurocientífico Facundo Manes, argentino creador del Instituto de Neurología Cognitiva, hace algunas sugerencias para cosechar mayor felicidad:

Interacción y contacto humano sólido y profundo.

Tener un propósito en la vida.

Enfocarse en el presente porque eso nos saca del circuito de ansiedad.

Pensar y actuar en beneficio de los otros.

Desarrollar la creatividad y aprendizaje continuo.

Dormir bien, comer sano, meditar y hacer ejercicios.

Poner el cerebro en “off”, puede ser a través de la meditación.

Y tener presente que la forma en que percibimos la realidad determina la forma como nos sentimos. En otras palabras: no se puede cambiar la realidad pero sí la manera de percibirla.

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